Esta semana nos ha golpeado en nuestras televisiones, periódicos y móviles la imagen de Aylan, el niño que murió en el mar cuando su familia huía de la guerra que azota su país, Siria.
Las guerras no sirven para nada, estoy cada día más segura (si cabe la posibilidad de estar más seguro cuando seguro se está). No me valen argumentos mercantilísticos, si sirven para algo útil, que venga alguien a explicármelo, le rebatiré todas y cada una de las veces. Las guerras no sirven para nada bueno a la gente de bien, para nada.
Y el tiempo se ha encargado de demostrarlo, decidme una sola guerra de la que hayamos aprendido que vale la pena seguir guerreando.
(...)
No hay. No la sé, ni que vaya 300, ni 80, ni mil años atrás.
Viva la paz, viva la gente que quiere vivir tranquila, vivan si nos dejan vivir.
Y hoy os dejo con el archiconocido Imagine de John Lenon, que tristemente parece no caber en la imaginación de mucha gente.
Acabo de regresar de mis vacaciones, algo cortas para mi gusto, pero geniales.
No conozco toda Andalucía, pero en esta ocasión he estado en la zona de Huelva y es, sencillamente, espectacular, la provincia me recuerda, salvando las distancias, a Barcelona, pues tiene unas costas preciosas y una sierra bellísima.
Se come de lujo, aún me relamo al recordar el pez espada que me comí preparado a la brasa, con una vista preciosa frente a mí. Sus playas no están tan masificadas, porque es la provincia andaluza más alejada para casi todo el mundo (excepto si vives en Badajoz, claro) y tiene unas puestas de sol a orillas del Guadiana que te dejan embrujado para siempre.
No tenía previsto quedarme tantos días, pero la magia me atrapó.
Y otra de las cosas que más me maravilla es el ceceo con el que hablan. Una zorpreza si no lo sabes, pero para mí es preciozo. En otras zonas de la península, y en muchas de Latinoamérica, hay seseo, pero en esa parte de Andalucía (salvo en la ciudad de Sevilla), hay ceceo.
Y no me olvido de las personas que allí he encontrado, son maravillosas, no me han podido tratar mejor. ¿Que si volveré? Definitivamente zí.
Me hubiera quedado mucho más tiempo de no ser porque mi trabajo me reclama. Así que aquí estoy de regreso en esta nueva temporada con más energía que nunca. Con muchos temas que comentar y con ganas de que participéis. Aquí me tenéis, así que vamos allá :-)
Así es como llama mi marido a mi bolso. Y no porque sea desconocido, tampoco porque no sepa qué hay dentro, tampoco porque sea enorme u oscuro... lo llama así porque todo lo que cae en él, desaparece.
He de reconocer que es así. Tras años de llevar colgado al hombro un bolso u otro (da exactamente igual que sea grande o pequeño), he llegado a la conclusión de que todo el orden que aparentemente puedo llevar en mi vida, se pierde dentro de mi bolso.
El bolso no, nunca lo he perdido, pero un papel, un paquete de kleenex que yo sé que está, unas llaves, da igual lo que tenga que buscar, nunca lo encuentro. No sé qué ocurre, que resulta como si el mismo bolso se lo comiera.
Además, a medida que aumenta la necesidad de encontrar lo que busco, más nerviosa me pongo, y ello probablemente hace que esté tocando lo que busque y no lo reconozca... es por buscar alguna explicación lógica, porque de verdad que me resulta curiosísimo.
Os imagináis ese momento en el que entras en un parking y sacas el tiquet de la máquina... pues como lo recoja otra persona y me lo dé, sabe que ya no lo encontrará jamás. Llego a aguantarlo entre los labios hasta que lo devuelvo, porque como lo guarde en algún bolsillo... una vez casi me da un ataque, porque compré unas entradas de cine y las guardé... fuimos a comprar palomitas y cuando estábamos llegando al acceso para que nos cortaran las entradas y nos dejaran pasar... no estaban... habían desaparecido. Casi me da un ataque, saqué todo lo que llevaba en el bolso, vacié el monedero, removí todos los kleenex del paquete, por poco no saco una a una todas las palomitas de la bolsa. Al final, las había puesto en el bolsillo de atrás del pantalón. Ahora me río, pero ese día decidí que cualquier cosa importante, sobre todo si es pequeña, que haya que conservar por un breve espacio de tiempo, la conservará mi marido. Si no, es causa perdida.
Os dejo hoy con un anuncio que me pareció perfecto, no sé si las llaves mágicas del Nissan nunca se estropean, habría que verlo, pero el anuncio me encantó:
Un apunte final, yo perder, no pierdo nunca nada, pero claro, si lo encuentro 3 meses más tarde, ya me diréis la gracia...
Pero ¿qué ha ocurrido para que se produzca esta repentina y prolongada desaparición? os preguntaréis. Pues qué va a pasar... unas obras.
Hace unos meses se nos ocurrió hacer obras en casa y solo sé que si cada uno de vosotros se pusiera a explicar su experiencia, no habría nube suficiente para albergar tantas vivencias.
No nos podemos quejar, porque hemos quedado bastante contentos, pero desde que hemos vuelto al hogar, cuando los vecinos nos preguntan "¿cómo han ido las obras?" respondemos sin dudar... "hemos sobrevivido" :-)
Pero para evitaros el suplicio de leer mi historial, os lo ahorraré. Ese ha sido el motivo de mi ausencia. Dos meses literalmente, sin internet (sí, se puede) y otro más de locura de limpieza y orden.
Y otro más de ir volviendo poco a poco a la normalidad.
Poco a poco, pues las montañas de cajas se van haciendo más pequeñas, pero no han desaparecido, y el polvo... una vecina me ha dicho que seis meses más tarde, aún aparece... me niego, le doy un ultimátum hasta Navidad.
Pues eso, que acabo de regresar medianamente a la normalidad y prometo poneros al día de montones de temas que os hubiese querido comentar en este tiempo.
Por cierto, no os asustéis, como os habréis dado cuenta, mi blog también está en obras, pero como yo, irá volviendo poco a poco a la normalidad :-)
Como anticipo, os dejo con una canción que descubrí hace bastante tiempo ya, el mismo que ha pasado desde que dejé mi blog durmiente...
En la semana del Mobile World Congress voy yo y me dejo el
móvil en el trabajo. Sobre mi mesa. Cuando me di cuenta de que no lo llevaba, ya estaba sentada
en el tren, esperando que saliera de la estación con destino al hogar.
Decidí no volver a por él, se podía quedar allí, total, en
unas 14 horas iba a estar de vuelta (y de las 14, 2 y media son de viaje…
vuelta e ida), y casi 7 durmiendo… el resto podía vivir sin él. O debía, pensé,
porque creo que hemos alcanzado un nivel de dependencia todavía controlable, al
menos para mí, y quería demostrarlo.
Y lo conseguí.
En casa me estaban esperando con cara de duda, porque no
sabían si había salido tarde del trabajo o tenía una reunión interminable, si
había pasado algo en el tren (no sería la primera vez), pero nada más. Yo no
supe de mis familiares y amigos, vía mensajes, no recibí las newsletters al
momento (apenas encendí mi PC un momento para ver el correo) y por la mañana no
pude escuchar la radio en el tren de ida.
Solo lo sentí por si alguien o algo había tenido que
escuchar mi despertador hasta el enésimo minuto, ya que yo que suelo pararlo a la
milésima de comenzar…
Confieso que me ha gustado la experiencia por un día.
He descubierto que pese a su utilidad, mi vida no depende del móvil y que, si
me organizo bien, incluso puedo encontrar tiempo para redactar un post.
Pero os dejo con un divertido vídeo para quien crea que un mundo sin tecnología es posible... no, no lo es :-)
Esta mañana iba paseando con mi marido por la ciudad cuando de pronto vemos que se nos acerca, en sentido contrario, por la misma acera, un hipster... eso he dicho yo por lo bajini... 'mira, un hipster', pero como no acostumbro a mirar muy directamente a nadie mucho tiempo, cuando le hemos cruzado mi marido ha dicho, no sé si es un hipster o acaba de salir de un centro de Servicios Sociales.
Y puede parecer exagerado, pero la duda existía. La ropa, buena, aspecto, indefinido, barba, larga pero descuidada, conclusión, que si no hubiese sido mediodía por una zona tranquila de la ciudad, ese chico hubiese tenido que estar en un bar de moda, porque de otro modo, hubiese sido indentificado como pordiosero, ya te invito a un bocadillo, tranquilo.
Hay modas que si no caen en las manos adecuadas, acaban haciendo mucho daño a los individuos.
A mí las barbas largas no me gustan si no están bien arregladas, y la mayoría no lo están, muchos modernillos se la han dejado crecer con la excusa de no afeitarse (lo entiendo perfectamente, por otro lado), pero hombre de Dios, cuídatela un poco, que si no lo haces estarás a un paso de ser confundido con el borracho del barrio.
La modas en general a mí me gustan mucho, porque muy rápidamente se ve a quien no cae en ellas, quien no cede su personalidad, y eso está bien. Hay una edad en la que todas las chicas hemos vestido iguales y todos los chicos han enseñado la marca de sus calzoncillos, pero si pasada esa edad, se cae en la misma línea de moda, no vamos bien.
Y eso no quiere decir que no podamos hacer ciertas cosas porque son más habituales en tu época que otras, todos los que ya tenemos cierta edad sabemos lo que era el Tang y lo comodísimos que son los pantalones de campana... pero si de chica o chico bien te van a confundir con un pordiosero, algo no va como habías previsto, créeme.
Y las gafas de pasta tienen una razón de ser y no es la de hacerte más guapo, pero ese es un post para otro día. He dicho.
Empieza un año nuevo y con él los eternos nuevos propósitos o nuevamente los propósitos para cumplir durante los siguientes 365 días.
Yo este año tengo dos muy interesantes, el primero es 'más cultura' y el segundo, 'menos tiempo'. Os explico uno: la cultura se ha puesto a un precio desorbitado desde que llegó al gobierno de España el Partido Popular, subir el IVA al 21% en las entradas de cine o teatro, por ejemplo, hace que unos años atrás una entrada de teatro te costase 24 euros y hoy te cueste 30. Eso es, desde mi humilde punto de vista, una barbaridad. Porque con 6 euros se pueden hacer muchas cosas, por ejemplo, tomarse unas cañas después de la obra. Y eso, ahora ya no lo hago o lo hago una vez al mes en lugar de dos o tres, como me gustaría.
Bueno, pues ese es uno de mis objetivos este año, aprovechar más los días del espectador del cine, aprovechar los descuentos de webs para comprar entradas de teatro, seguir leyendo libros en mi ebook, que me salen más baratos (y más ligeros) que en papel, y comprar alguno más en papel.
Eso sí, no dejéis de consumir cultura en el formato que sea, por favor, es casi como el comer, qué placer tan inmenso experimenté el otro día cuando fui a ver Prendre Partit (Tomar partido en castellano, literalmente), una obra de Ronald Harwood dirigida por Josep Maria Pou. La obra es interesantísima desde todos los aspectos pues traslada al espectador la responsabilidad de dirimir si la cultura es un eximente cuando por circunstancias coincide con el horror nazi.
Magistralmente interpretada por Josep Maria Pou y por un más que perfecto Andrés Herrera, cuando salí no pude dejar de pensar en que es una lástima que alguien se empeñe en privar a las mayorías de la posibilidad de ver estas obras por un afán recaudatorio. Acaso el afán recaudatorio solo sea un eximente si algún día nos devuelven la posibilidad de consumir cultura.