domingo, 26 de mayo de 2013

El buen líder

Hace unos días asistí a una conferencia sobre motivación de equipos impartida por el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Francisco Gil. Pese al calor en la sala, la charla resultó de lo más interesante. Mucha fue la información que nos proporcionó, que no por obvia, deja de ser importante.

Me quedo con dos frases, una: ‘el buen líder se rodea de gente mejor que él’. Me encantó esa frase, porque obliga a una humildad sin medida.

El que tiene miedo a ser superado, el que se rodea de gente de menor nivel intelectual que él por el miedo a que le superen, no merece el calificativo de buen líder. Es lo fácil. Y es que siempre me ha parecido que algunos valores no se compran, por ejemplo, la humildad.

Y la segunda frase con la que me quedo es ‘si supiéramos todo lo que sabemos, seríamos cien veces más productivos’… ahí es nada, chicos, disculpadme pero necesito reflexionar… y lo mejor de todo es que sé por qué.

domingo, 5 de mayo de 2013

Donde va el botón...

Donde va el botón, va el ojal. Eso dice mi suegra* cuando se refiere a las parejas, porque tanto derecho tiene uno como el otro a ir a un determinado lugar. No se concibe invitarles por separado.

Me dijo la frase el otro día y me encantó.

Qué bonito y qué acertado suele ser el refranero popular. Algo que según observo a mi alrededor se va perdiendo, probablemente más por el desgaste de las personas que del propio lenguaje.

Los refranes son casi ‘verdades universales’, los genera el pueblo a fuerza de corroborar que esa realidad existe y se cumple algo más de muchas veces. Me encantan.

Yo nunca he tenido talento para recordar refranes, más allá de los manidos abril aguas mil o más vale pájaro en mano que ciento volando. A veces no se cumplen, claro está, no siempre este tipo de verdades son indiscutibles, pero si existe un refrán sobre el tema es que alguna vez sí fue habitual así.

En la literatura se hizo famoso Sancho Panza por tener una boca llena de refranes que se peleaban por salir, casi hasta la extenuación. Y en mi vida, mi hermana. Ella ha sido siempre especialista en tener un refrán preparado para ilustrar el momento, me parece un talento.

Así que desde aquí reivindico el uso del refrán. Enriquece el idioma (porque los refranes viajan en el tiempo de generación en generación…) y le aporta un toque de divertimento a la conversación muy útil en estos tiempos en los que todas parecen estar monopolizadas por el fantasma de la cr…

*Hoy le dedico esta entrada a mi suegra, porque es el día de la madre y quiero felicitarla, pues ella es, sencillamente, una mujer maravillosa.

jueves, 25 de abril de 2013

Jubilación

En la parte más alta del Paseo Maragall de Barcelona hay una pastelería, Rovira creo que se llama, que por lo que me han explicado lleva allí muchos años. Yo he entrado pocas veces porque en casa tengo un alérgico a los frutos secos y en las pastelerías la mayoría de productos o están hechos con algún tipo de fruto seco entre sus ingredientes o están hechos en moldes que antes o después los han contenido. Sí, también existen las deliciosas trufas, pero las compro en otra pastelería, porque son exquisitas.

A mí me llama la atención ésta porque entre las dependientas hay una señora muy mayor, anciana a todas luces, que despacha con la máxima de las solturas. Me hace mucha gracia y siempre que paso miro dentro para ver si está, y casi siempre está, yo la llamo 'la yaya'. Lamento decir que si no la veo, me asusto, porque pienso que puede haber fenecido. Yo no paso cada día por delante del local y podría haberme perdido los días de luto. Pero no, vuelvo a pasar al cabo de unos días y ahí está, tan resuelta, menudísima, pero con una energía que le sale por cada uno de los gestos que lleva a cabo.

Tiene toda la pinta de ser la dueña, esa señora que levantó el negocio allá a mediados de siglo XX, cuando tal vez lo heredó de su padre o, tal vez lo creó ella misma con su marido (a las mujeres en la época franquista no se las animaba a montar negocios, por muy dulces que estos fuesen, ojalá me equivocase en este caso…). Y como es la dueña, no se jubila. No creo que lo haga por dinero, apuesto, más que probablemente lo hará porque le encanta su trabajo. Porque adora servir a un público deseoso de comer delicias dulces o saladas, está encantada de crear los productos que crea y de servirlos a clientela de cualquier edad.

Me parece maravilloso y me parece, no lo negaré, un mal ejemplo. Yo no quiero llegar a los 80 y seguir yendo a trabajar cada día. No quiero hacerlo por varios motivos, pero el principal es porque mis ojos ya no tendrán la agilidad que tienen ahora y mi cuerpo ya no podrá resistir el frenético ritmo de mi vida actual (naturalmente el cuerpo humano evoluciona, al menos el mío). Complicada cuestión esta de la jubilación…

domingo, 21 de abril de 2013

Provecho


Para llegar a mi trabajo cada día cojo el metro y a continuación enlazo con el tren. Casi 25 kilómetros separan mi casa de la oficina donde trabajo. Sobre si me parece larga o corta distancia os prometo hablar en otro post, porque hoy os quiero comentar algo que viene a mi mente de vez en cuando durante el trayecto.

Yo, como persona sensible que me considero, soy muy receptiva a temas emocionales; recientemente me ha ocurrido con el atentado en el maratón de Boston, qué fácil se preparan dos ollas con explosivos y se vuelan las ilusiones de miles de personas allí concentradas…

Como me ocurre con los accidentes de aviones, cuando se produce un atentado, me vienen a la cabeza otros muchos que mi mente pueda recordar, concretamente los que por un motivo o por otro, me puedan resultar afines. No me traumatizan, solo los recuerdo.

Por ejemplo, en la carrera que me pego entre metro y tren, más de un día me imagino a las personas que viajaban en los trenes del atentado de Atocha, en 2004 en Madrid, irían pensando en sus cosas, como lo hago yo cada día. ¿Quién tenía derecho a quitarles esos pensamientos de su cabeza?

Bajo las escaleras al andén a toda velocidad y me subo en el tren, que con suerte está a punto de arrancar, al salir del túnel enciendo la radio y, contemplando el bello amanecer de Barcelona, empiezo a pensar en lo obligada que estoy a disfrutar de mi vida, cada uno de los minutos. Solo tenemos una, ¿verdad? pues vamos a intentar aprovecharla.

martes, 16 de abril de 2013

Principios


Define la Real Academia Española de la lengua los principios como “Normas o ideas fundamentales que rigen el pensamiento o la conducta” y eso es uno de los firmes pilares que sustentan la mente de algunas personas a las que sin duda alguna admiro.

Hace apenas unos días, conversando un poquito con mi compañero de oficina, un simpático y prometedor informático que actualmente trabaja como becario, me sorprendió con una respuesta. Cuando no recuerdo por qué motivos hablábamos de novios y novias él afirmó que lo que más le gusta de su novia es sus principios.

Me sorprendió gratamente, pero reconozco que me dejó algo fría. Es maravilloso que tus principios sean lo que más le guste a tu pareja, pero sinceramente espero que le guste algo más… es broma, no me cabe duda de que así será.

Poco después, conversando con unos amigos la otra noche acabamos hablando de un conocido del barrio que tenemos en común y en quien al ascenderle en su trabajo, todos habíamos notado un cambio en su manera de pensar, si antes era poco menos que sindicalista, había acabado al cabo de los años convertido en una persona instalada en las antípodas de un buen Marx.

En ese momento pensé que eso no le puede ocurrir a alguien con firmes principios. Pueden cambiar muchas cosas en tu vida, sin duda puedes ir moldeándote a medida que evolucionas, pero cambiar drásticamente de principios me parece, sencillamente, muy triste, porque, no sé si os habéis percatado alguna vez, pero los principios no se compran. Y si no tienes los tuyos propios, puedes disimular un tiempo, pero al final se nota.

viernes, 29 de marzo de 2013

Barry Manilow

Hoy quiero compartir con vosotros mi último gran descubrimiento, Barry Manilow. Es autor de varios éxitos musicales de hace unas décadas, una estrella en Estados Unidos y probablemente en el resto del mundo. Sé que llego 30 años tarde, pero más vale tarde que nunca.
Le descubrí, como muchas cosas buenas, por casualidad. Mi pareja me quiso mostrar un vídeo de YouTube y en su lugar me puso otro que tenía como base el Copacabana de Manilow. En seguida me puso el que él quería, pero ya no pude quitarme las graciosas notas de la cabeza… en cuanto las busqué descubrí un vídeo que me dejó boquiabierta. Una actuación en un concierto en Pittsburg, en los 80, su época gloriosa, imagino. Qué descubrimiento. Qué personaje.
Después del primer impacto, le he buscado en vídeos y más vídeos, en directo, en grabado, en entrevistas… y me quedo con casi todo (el botox no), con lo divertido de este hombre, con su peculiar cara [que a la postre me hace imposible que le crea cuando canta canciones de desamor romanticonas], con su voz, en ocasiones desgarrada. Lástima que ya no tenga edad (o ganas, probablemente) para hacer giras mundiales.
Además de entretenerme un ratito, y a la vez yo a mi pareja cuando me pongo a bailar el chacha por el pasillo de casa [ya no puedo parar], Barry Manilow me hace reflexionar sobre la suerte que tenemos de acumular el talento de los artistas que pasaron por el mundo años antes de que naciéramos y contar, seguro, con todos los que vengan después. No nos olvidemos de sumar lo de antes con lo de después. Todo suma y nosotros no podemos hacer otra cosa en este caso que salir ganando con ello.

domingo, 24 de marzo de 2013

Ruido

Hace un tiempo os escribí sobre la importancia de dominar el espacio físico. Y hoy os quiero comentar algo parecido, pero con respecto al ruido.
Es problema común a casi todos los mortales el de sufrir los ruidos de los vecinos. Da igual si vives en un piso, en una casa, en una cabaña, en un pueblo, en una ciudad, antes o después sufres el ruido (normal o no tanto) de los vecinos.
Yo os quiero hablar hoy de dos ejemplos opuestos, mi vecino de arriba y mis vecinas de al lado. El vecino de arriba es bastante escandaloso. No es constante, pero sí molesto. Cuando se ducha grita como si el agua le estuviese cortando la piel, por suerte se ducha rápido. Y sobre sus muebles tengo una teoría, o se mueven solos sin saber dónde ubicarse, o mi vecino es un indeciso que no domina el feng shui, porque noche tras noche antes o después de la hora de cenar, sus sillas, mesas y sofás se mueven inexplicablemente; me lo imagino haciendo prácticas de decorador de interiores.
Mis vecinas de al lado son su antítesis, no las oigo nunca. Sé que están porque alguna vez veo la luz de su cocina encendida, pero me sorprende sobremanera no oírlas ¡porque son dos chicas jóvenes! De un perfil así uno se espera fiestas, reuniones de amigos, música alta… pues no, ellas son genialmente anormales. Y las adoro por ello, no quiero que encuentren novio nunca, que no se vayan de aquí porque yo sé que un fenómeno así es irrepetible.
Y acabo como empecé, demandando la importancia de dominar el ruido que producimos. No vivimos solos en el mundo, por lo que ¿qué te hace pensar que el ruido que tú haces le resulta indiferente a las personas que tienes a tu alrededor? 

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