jueves, 14 de marzo de 2013

Vergüenza ajena


La gente no tiene muchas luces en general, pero no os espantéis, que para nuestra tranquilidad, también hay muchas personas inteligentes.
Digo que la gente no tiene muchas luces cada vez que veo el programa Ridiculousness, que dan en MTV de vez en cuando, traducido al español como Vergüenza ajena (el título lo dice todo).
Es un programa que recoge vídeos de Internet en los que aparece gente que tiene accidentes fortuitos, caídas inesperadas, etc. Hay algunos que son claramente un accidente. Una persona quería hacer algo, tirarse de cierta altura a un río y acaban estampándose en la tierra porque no han calculado bien, accidentes mientras se practica deporte y otros accidente que podemos sufrir todos en nuestra vida cotidiana; pero también hay muchos que son bromas que se gastan entre los amigos, familia o pareja y que a ellos nos les debe haber hecho mucha gracia, pero al espectador sí (y hace más gracia porque los presentadores del programa añaden un toque de humor muy divertido).
Es en ese momento, durante cada programa, cuando pienso que hay muchas personas que no tienen dos dedos de frente. ¿Qué esperan que pase si hacen sentar a una persona en un sofá bajo cuyo asiento han puesto un airbag? La lógica dice lo que acaba pasando, que el que se siente saldrá volando y vete a saber dónde acaba cayendo, si es dándose en la cabeza contra un mueble, ya tenemos un lisiado en el más optimista de los casos. Pero las personas que urden estas bromas no piensan en lo que puede pasar sino en lo bien que se sienten preparando la broma. Y me molesta.
Yo me río sobremanera en cada uno de los programas, pero no puedo evitar pensar en cuántas consultas de urgencias se habrán llenado con gente de este programa; para mi gusto, sobran, ya me reiré con otra cosa.

domingo, 10 de marzo de 2013

Tiempo


Ayer vi una interesante entrevista al neurólogo Álvaro Pascual-Leone en la que hablaba de la dificultad del ser humano para tomar decisiones, lo mucho que influyen nuestros miedos al cambio, el miedo al fracaso o el sencillamente no saber lo que queremos. Habló de lo irracional del cerebro humano, algo que me llamó poderosamente la atención, pero que entendí cuando puso varios ejemplos de cosas que el cerebro cree de una determinada manera cuando en realidad no lo son (dos pedazos de tortilla iguales puestos uno en un plato grande y otro en un plato pequeño, el segundo nos parecerá siempre más grande, pero en realidad es igual que el otro).
Menuda bofetada de humildad recibí. Acaso cuando crea que algo es como yo creo que es, quepa la posibilidad de que no lo sea.
Hace tiempo os colgué una canción de Julieta Venegas, Sería feliz, que esta semana ha vuelto a mi mente porque la cantante estadounidense/mexicana ha pasado por España para dar algunos conciertos. Conste que no he asistido a ninguno porque no me gusta tanto, pero la canción sí.
La canción tiene un tono triste, lo reconozco, aunque muy coherente. Sería feliz es condicional, si pudiera, si tuviera… me gusta para una canción, pero no para mi yo ni para mi ahora. No quiero pensar en condicional, prefiero pensar en presente o, como mucho, en futuro de indicativo, me resulta bastante más práctico y útil para mi vida cotidiana, aun contando con una cerebro irracional.

domingo, 24 de febrero de 2013

La realidad


Esta mañana he tenido la oportunidad de ver con mis propios ojos el Airbus-380 que ha llegado a Barcelona, bastante puntual por cierto, que llegaba por primera vez a España, con motivo del Mobile World Congress de 2013.
Es un ingenio impresionante, debo reconocerlo. Por la que yo llamo ‘autopista del cielo’ se veían llegar los aviones uno detrás de otro esperando su turno para aterrizar, pero cuando ha asomado el A-380 la diferencia era evidente incluso en la más lejana de las lejanías que el ojo humano puede vislumbrar.
Los pares de ojos humanos que en las cercanías del aeropuerto del Prat nos hallábamos era muy superior al que suele haber cualquier domingo, probablemente superábamos los dos mil, quinientos para la policía ;-) pero los ojos inhumanos (me refiero a las cámaras de los móviles) que estaban siendo testigos del momento eran casi los mismos. Me he quedado muy sorprendida por la cantidad de personas que preferían ver la realidad a través del ojo falso en lugar de verla con sus propios ojos. La escena era como os cuento a continuación:
Las personas sostenían el móvil con sus manos, en ese momento el avión impresionante pasó sobre nuestras cabezas, las personas pararon la grabación y cuando el avión aterrizó y todos estábamos satisfechos por lo que habíamos visto, constaté que muchas personas seguían sin levantar su cabeza del móvil ¡porque estaban comprobando la grabación!
Es decir, esas personas no han visto con sus ojos el avión, ni cuando se aproximaba, ni cuando pasaba sobre nuestras cabezas, ni cuando aterrizaba, lo han hecho a través de una cámara. Para eso no hacía falta acercarse al aeropuerto del Prat. En internet hay montones de vídeos buenísimos del A-380.
Me resulta muy llamativo ese fenómeno que se produce en la mente de algunas personas, que aprecian tanto el valor de un ojo ficticio que sin duda tiene buenísimas utilidades, pero exactamente la de ver, no.
Solo espero que nunca se inventen los labios inhumanos, porque tampoco los querré.
Feliz Mobile World Congress a todos los asistentes. disfrutad de Barcelona con los ojos que queráis.

sábado, 23 de febrero de 2013

Robert Redford


¿Quién era más guapo, Paul Newman o Robert Redford? Me parece una pregunta bastante sinsentido, pero la he oído tantas veces que con mucho gusto la voy a responder: para mi gusto, Robert Redford. Pero además, con diferencia.

Paul Newman era guapo, uno ojos azules indiscutiblemente preciosos y una cara que le convirtió en uno de los mejores reclamos cinematográficos [talento actoral aparte] durante muchos años, hasta bien entrada su avanzada edad.

Pero Robert Rerdofd me parece superior. Un poco más. Se le mire como se le mire, se peine como se peine, se ponga como se ponga y le pase lo que le pase en las películas, es guapo.

Y para mi desasosiego, no he visto muchas películas suyas, pero le he visto tantas veces, que lo he podido constatar.

Le vi, sin ir más lejos, hace un par de semanas en una película que dieron por televisión y me pareció muy interesante: Los tres días del cóndor, de Sydney Pollack. Hay que reconocer que en 1975, el señor Redford, apenas llegando a los cuarenta, se debía de encontrar en su máximo esplendor, pero aun así, me parece que está muy guapo.

Lo que me apesadumbra desde que le vi en esa película es que no pude ver la película entera. No entiendo la manía que tenemos en España de programar las películas por la noche para que comiencen en torno a las 10:30 de la noche. Si tienes un trabajo decente (e incluso si es un poco indecente) es bastante fácil que no puedas ver el final de una película que comienza a las 10:30, por corta que sea, con lo cual, me quedé sin saber lo que le pasa al cóndor al final de los tres días. ¿Alguien lo sabe?

Pues por favor, que no me lo diga, porque la quiero ver.

sábado, 16 de febrero de 2013

Violencia

No puedo con un tipo de violencia. Sé que suena raro decirlo, porque no debería poder con ninguno, pero después de muchas películas, me he dado cuenta de que hay un tipo de violencia que no me sienta nada bien: la física. Cuando dos matones se ceban a puñetazos con un no tan pobre inocente como ocurre en Mátalos suavemente, no puedo mirar, cual chiquilla tengo que apartar la vista. Pero si es una bomba la que cae sobre una casita en la montaña reventándola y haciéndola arder en llamas como en El legado de Bourne, me quedo tan tranquila.

Bueno, tan tranquila no, pero no me afecta ni la cuarta parte de lo que me afecta una buena pelea a puñetazos o una serie de navajazos en un callejón oscuro, peor aún si es bajo la lluvia.

Yo ya sé que en ambos casos se trata de una película y tanto la explosión como los puñetazos son de lo más ficticio, pero no puedo evitar sentir una parte del dolor físico que ese tipo de violencia puede causar. Puede que haya algo de miedo en ese sentimiento, porque si lo pensamos con frialdad, encontraremos que el hecho de que unos matones te propinen una paliza en plena calle es más probable que un misil caiga sobre tu casa (si vives en Barcelona, por ejemplo, hay otras zonas del mundo donde tendríamos que decirlo justo al revés).

Pero pensándolo bien, después del meteorito caído en Cheliabinsk, Rusia, hace un par de días, creo que una especie de bomba caída en forma de meteorito sobre la ciudad en la que vivo, puede llegar a convertirse también en algo desagradablemente frecuente.

Llamadme miedosa, si queréis, yo lo dejo en peliculera.

jueves, 14 de febrero de 2013

Amén

El Papa de Roma ha dimitido. La noticia del año, sin duda alguna. ¡Y solo estamos en febrero! Por lo insólito del caso, esa dimisión me parece sencillamente espectacular.

La máxima figura de la Iglesia Católica en la Tierra no se ha visto con fuerzas suficientes para seguir desarrollando su trabajo y se retira.

Le honra dicha acción, cuántas personas deberían hacer lo mismo y no lo hacen. Tienen mil años y no se retiran. Bueno, en realidad le hubiera honrado más no presentarse a la elección, porque tiene tela que los papas sean elegidos cuando los demás estamos deseando jubilarnos, pero ya que tienen esas normas, que las cumplan.

Yo no soy religiosa, pero el día de la fumata blanca, estaré pendiente de los medios de comunicación, como si en vez de un Papa, de ahí fuese a salir el hombre de mi vida.

Daría lo que fuese por estar en la Plaza de San Pedro ese día, porque ya me pareció espectacular cuando estuve sin fumata, con que rodeado de miles de personas y al borde del humillo, tiene que ser una auténtica obra teatral elevada a la máxima potencia.

Vuelvo a repetir que yo muy religiosa no soy, pero los espectáculos sí me gustan, y veo que las parafernalias que utilizan son de una magnitud tal que no puedo menos que admirarla en casi todo su esplendor (todo tiene un límite…).

Le deseo buena vida al hombre que ha sabido ponerse en su sitio y darnos la oportunidad de no esperar 10 años más a vivir otro espectáculo de humos.

Aprovecho para saludar al amor de mi vida, al que sin pretenderlo le he hecho aparecer de una chimenea unas líneas antes, y que un 14 de febrero, gracias al santo más romántico, Valentín, no puedo dejar de mencionar :-D

domingo, 10 de febrero de 2013

Quien hace lo que puede, no está obligado a más

Quejarse es necesario. Imprescindible diría yo. Cuando algo no es correcto, cuando alguien se salta la ética, cuando hay abusos de poder, cuando no se entiende lo que está ocurriendo, lo lógico es quejarse.

Pero quejarse también es un arte, para mí. Para nuestra desgracia, en la sociedad actual, tenemos mucho de lo que quejarnos, y por ello hay algunas personas que se han instalado en la queja constante. Todo el día se van a quejar. ¡No puedo más!

A ver, ¿por qué no damos un paso más?, ¿qué hacemos para solucionar la situación? Yo, que cuando me lo propongo soy persona razonable hasta la extenuación, te diría que empecemos haciendo lo que esté en nuestra mano. Y poco a poco llegaremos al objetivo final.

Ambicionar objetivos enormes está bien para un sueño, pero para la vida real puede resultar algo ‘descalabrante’. Abogo porque te plantees objetivos más pequeños, alcanzables, y a medida que los vayas superando, aumentes el grado de objetivo a cumplir.

Y con la situación actual, de la que nos pasamos el día quejándonos, lo mismo. Vamos a intentar solucionar lo que podamos. Primero será lo que esté en nuestra mano: nosotros, nuestra casa, nuestro barrio, nuestro lugar de trabajo, y luego, si llegas, vuelve a replantearte la situación, porque en unos años tanto tu situación personal como la sociedad habrán cambiado y tal vez el objetivo a seguir que te habías planteado con la mano en alto cuando tenías 25, ya no tiene mucho sentido en tu nuevo yo.

Hoy me ha apetecido hablar de esto porque los fines de semana por las mañanas escucho el programa A vivir que son dos días, de Javier del Pino, en la cadena SER. Me gusta comprobar que el programa que el año pasado se centraba en un típico debate (soberbiamente moderado por Montserrat Domínguez) sobre cualquier tema de actualidad se ha transformado en un programa reivindicativo en el que muchas personas que están luchando duro por los derechos de los demás, ya sea en un barrio de Madrid o en un rincón de la India, tienen voz.

Un profesor que tuve yo de pequeña nos decía en clase… ‘quien hace lo que puede, no está obligado a más’; entonces no veía la sorna de la frase, pero ahora sí… ¿cómo se sabe lo que se puede?

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