sábado, 22 de diciembre de 2012

Catalán

Hace apenas unas semanas mi mejor amiga y yo estuvimos en una cafetería de un barrio de Barcelona, Camp de l'Arpa, tomando unos croissants con chocolate y café con leche, respectivamente, y poniéndonos al día de los últimos acontecimientos de nuestras vidas.


En tres mesas bastante próximas estaban otra pareja de chicas y dos parejas más de chicos. En total, cuatro mesas ocupadas.


Mi amiga y yo hablamos castellano, y en un momento en que mi amiga salió fuera del local para hablar por teléfono pude comprobar que de las otras tres parejas que allí merendaban, dos hablaban en castellano y una en catalán.


Eso me llevó irremediablemente a pensar en la ley Wert y todo el revuelo que se ha montado al respecto del pobrecillo catalán.


Apuesto un café con croissant a que ninguna de las 8 personas que allí estábamos teníamos ningún problema por hablar un idioma o el otro, pero por el motivo que fuera, la distribución entre mesas era la que os he relatado.


Me pregunto yo qué pasaría si algún día dejásemos de manipular los idiomas a través de la política y dejásemos que la gente en la calle se apropiara de ellos, sencillamente, para comunicarse.


Ni catalán ni castellano están en riesgo de desaparecer en Catalunya, siempre que haya personas que podamos hablarlo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La voluntat d'un poble

Este año y por segunda vez consecutiva en L’Hospitalet de Llobregat serán las personas que estén en el paro las que acudan como representantes de la Delegación de Estado en las mesas electorales durante las elecciones de hoy, 25 de noviembre.

Vamos a ver, ¿tan difícil es pensar que si hay casi 800.000 parados en Catalunya, lo normal es que sean ellos los que estén hoy en las mesas electorales?

Es decir, para acudir a las mesas electorales hoy tenemos personas de muchas características generales, pero de dos concretas, o están trabajando en estos momentos o están en el paro.

Las personas que tenemos la suerte de trabajar, acudimos a nuestro puesto de trabajo cada día, ¿es necesario que llegue el fin de semana de elecciones y vayamos a ‘trabajar’ igualmente? ¿No sería más lógico que aquellos que por desgracia o por cualquier otro motivo no pueden ir a trabajar, dediquen uno de sus días a trabajar para el gobierno?

Pues parece que no, porque no se le ocurre a todo el mundo.

Esa es la diferencia entre la voluntad del poble o la d’un poble.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Bermuda triangle

¿La ciencia lo explica todo? Hoy estábamos tomando unas cervezas tranquilamente con mi amiga cuando entre otros muchos interesantes temas, ha salido el triángulo de las Bermudas.


Como casi todos sabéis, el famoso triángulo, situado entre Florida, Puerto Rico y las islas Bermudas, ha sido protagonista principal de misteriosas desapariciones de barcos y aviones durante muchos años.


En el preciso instante en el que se ha nombrado el maldito nombre, han aparecido dos posibilidades, la que cree que un misterio rodea y a la vez llena el triángulo, y la que cree que todo tiene una explicación científica.


Me alegra sobremanera saber que la ciencia puede, de un modo o de otro, explicarlo todo, pero a la vez me aterra.


Llamadme ignorante, pero yo soy de las ilusas que cree que se pueden explicar muchos fenómenos… pero no todos.

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Quién tiene el dinero?

No hablo de un dinero concreto, sino de dinero en general.

Vas por las autopistas y ves más coches que superan los 30.000 € que coches que estén por debajo de 20.000, viene ‘alguien’ en concierto y tiene que programar un segundo concierto porque las entradas del primero se han agotado en 6 horas.

Colas enormes para comprar el enésimo Iphone/pad/pod pid pud o ‘tablet’.

¿Quién es esa gente?

Yo sé que hay mucha otra gente que lo está pasando muy mal y que lleva años en el paro, y otros a los que están echando de sus casas por no poder pagar las hipotecas, pero ¿dónde están las personas que sí tienen dinero?

¿Por qué hay personas que están cobrando una paga vitalicia mensual superior a mi sueldo anual?

A nadie sorprendo si digo que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más desesperados, pero ¿por qué interesa tanto que esto siga siendo así?, ¿a quién le interesa, en realidad?

martes, 30 de octubre de 2012

Alice

Es poner las llaves en la cerradura y no puedo evitar hacer una inspiración profunda y sonreír. Eso ocurre cada vez que entro en casa.

Se podría deducir que mi vida es feliz, y sí, lo es, pero ese no es el motivo de mi sonrisa justo en el instante en el que introduzco la llave en la cerradura de mi casa. El motivo es que desde que sales por la puerta del ascensor o desde que superas medio tramo de escaleras, el rellano huele de maravilla, diversos aromas de lo más agradable acuden a cualquier nariz: mi vecina cocina.

Mientras trabajó, fue muchos oficios, pero el principal, el de cocinera, y suerte la mía la de haberme encontrado con ella cuando se ha jubilado y está encantada de cocinar por placer. Bueno, mejor dicho, mi vecina siempre cocina por placer. Entrar en su casa es como asomar la nariz por la cocina de cualquiera de los mejores restaurantes del mundo. Apuesto por ello, porque cocina mil cosas y todas de categoría.

Otra cosa es que a ti, concretamente, un ingrediente no te guste o que un sabor te resulte empalagoso, pero en general, sus recetas son fabulosas.

Y yo tengo la suerte de que además de para su propia casa, cocina para mí. Ella tiene un quehacer diario y nosotros el tema del táper resuelto [sí, amigos, al ritmo que vamos, el táper será aceptado por el DRAE bien pronto, si no, al tiempo].

Surgió como quien comenta qué buen tiempo hace hoy… ¿y si os cocinara? Y nosotros encantados, claro. Por un módico precio ella nos pasa unos deliciosos tuppers cada noche y nosotros disfrutamos de la más alta cocina en nuestra mesa.

Ni que decir tiene que soy la envidia de mis compañeras de oficina, todas esperan ansiosas que abra el tupper para descubrir las delicias o la originalidad o, sencillamente, la decoración de mi comida. Lo dicho, Alice es extraordinaria.

sábado, 27 de octubre de 2012

Protagonista

Hace muy poco vi en televisión a Patricia Ramírez, que pese a tener un nombre bien común, tiene una comunicación excelente. Su ligero acento andaluz no le impedía expresarse claramente, vocalizando cada palabra y transmitiendo el mensaje exacto de lo que pretendía decir. Nos encantó.
No vi todo el programa (Singulars, ese programa donde el presentador es más protagonista que los invitados), pero sí el final.
Para concluir, explicaba la importancia de aumentar nuestro vocabulario positivo, de usar con más frecuencia palabras positivas o frases que transmitan un mensaje en positivo: por ejemplo, en lugar de decir ‘hoy no voy a enfadarme’ decir ‘hoy voy a estar de buen humor’. Explicó que a quien le costara, pues no es ejercicio fácil, podía entrenarse cada día escribiendo en una pizarra una palabra o frase positiva para empezar el día. Y en casa, será porque soy muy positiva y porque tenemos una pizarra, lo hemos puesto en práctica.
Por la mañana, antes de irme a trabajar, entre la ducha, el desayuno y el ‘a ver si llueve’, suelo tener muy poco tiempo, pero me gusta pensar que ese pequeñito esfuerzo que hago en mi agenda cada mañana, es como si me tomara una pastilla de vitalidad.

sábado, 20 de octubre de 2012

El padre de la niña del tren

Como ya sabéis, yo voy cada día a trabajar en tren, concretamente en metro y tren. Bien, pues hace unas pocas mañanas muy cerca de mí iba sentado un chico relativamente joven (en esa franja de edad en la que no sabes si estamos hablando de 35, de 40 o de 45) con una niña de unos 5 años en al asiento de al lado.

 
La niña iba medio dormida y como aquel que no acaba de encontrar la postura en la cama, ella no acababa de encontrar su hueco entre su asiento y las piernas del padre. Yo presupuse que era el padre porque para ser su hermano era demasiado mayor y para ser su tío, vecino, tutor, o mil opciones más, siempre hay tiempo. La verdad no la sé.

 
Lo que me llamó la atención del caso es el cariño con el que el padre acariciaba a la niña, la subía en sus piernas para hacerle caballito y le explicaba al oído por qué tanta gente subía o bajaba en cada estación.

 
Me llenó de ternura ese gesto. Me gustó pensar que hay padres que tienen tiempo (u oportunidad, pero la aprovechan) para estar con sus hijos pequeños, y que probablemente lo harán cuando sean mayores. Me gusta pensar que los niños no molestan a sus padres y que cada día, se pueden dar muchas escenas así.

 
Yo me bajé en mi parada y ellos continuaron. Y al salir del tren, inevitablemente empecé a pensar en mi propio padre, sin duda, una de las personas más maravillosas que conozco.

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