sábado, 6 de octubre de 2012

Adif y la Generalitat, muy cerca

El medio de transporte que más me gusta es, con diferencia, el tren. Llamadme romántica, llamadme cualquier otro sinónimo, pero el tren, del tipo que sea, me transporta además de a donde se supone que quiero llegar, a muchísimas ideas, imaginaciones e historias que acuden a mi mente durante el trayecto. Dentro de un tren, soy capaz de convertirme en todo.
Pero hay un tipo de tren en concreto que tiene un fallo, cualquiera de Cercanías de Barcelona, su fallo es que nunca pasan a la hora a la que deberían pasar.
Actualmente yo trabajo fuera de Barcelona. Fuera no es muy lejos, pero tampoco cerca, o al menos, no lo suficientemente cerca como para poder ir andando en caso de un contratiempo en el transporte público o un exceso de energía por mi parte.
Pero últimamente vengo comprobando que tú llegas tan contento a la estación (la de salida o la de llegada) y o bien han pasado 4 minutos antes de que llegaras o bien, si llegas con 4 minutos de adelanto, el tuyo no pasa. Miras expectante a la pantalla que indica los próximos trenes y resulta que no pasa ningún otro hasta dentro de media hora, cuando lo normal en aquella franja horaria son 15 minutos.
Se te pone una cara de mala leche que ríete tú de los vaqueros del oeste con el cigarrillo en la boca.
Porque si te dieran una explicación, tal vez pudieras solidarizarte con la causa, pero si la única sensación que tienes es la de que te están tomando el pelo, se lleva bastante mal.
Cercanías en Cataluña se llama Rodalies y se transfirió hace unos años a la Generalitat de Catalunya, pero se transfirió a medias. Trenes, vías y catenarias, para Adif, gestión de Cercanías, para la Generalitat…y… unos miles de millones de euros prometidos para mejorar trenes, vías y catenarias, en algún papel escritos nunca encontrado.
Como siempre digo, quien decide la mayoría de las cosas que nos afectan es quien no las usa, porque me apuesto un café a que ni el señor de Adif ni el señor de la Generalitat tienen que estar ni un solo viernes por la tarde esperando media hora un tren que no llega, pasando frío al raso.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Estrellada

Ya sabéis que a mí no me gusta hablar nunca de política (por aquello de su impermeabilidad), pero es que a veces me llaman mucho la atención las contradicciones de la gente. Que las personas somos contradictorias debe ser tema de la naturaleza, pero ver que alguien que gritaba como loco los goles de la selección española durante la Eurocopa de 2012 después se pone una ‘estelada’ para reivindicar la independencia de Cataluña… pues me cuesta, qué queréis que os diga.

Para mí la coherencia es una de las grandes cualidades de las personas y algo tan sencillo como vitorear los goles de España en julio y dos meses después clamar por la independencia de Cataluña, pues no lo entiendo, por mucho que te guste el fútbol, o una cosa o la otra.

Y si le damos varias vueltas a la cabeza, creo que este hecho podríamos llegar a entenderlo, pero anoche escuché algo con tintes similares que me dejó helada: “yo nunca he sido independentista, nunca, mis padres son aragoneses, pero dada la situación económica actual [en Catalunya], pues me he vuelto independentista”.

A ver… ¿dada la actual situación económica te has vuelto independentista? Me alegro muchísimo de no se la esposa de este señor, porque el día que ganase tres veces más que yo, ya sé cuál iba a ser el camino (el del juzgado).

Vamos, a ver, ¿no se podría pedir la independencia por motivos algo más coherentes?, ¿algo más razonables? A ver, Sr. Puig, dígame por qué. Dispensi, Sr. Puig, per què?

Por lo demás, vamos a ver otra vez, hay quien de pronto te saca a la luz un año concreto de hace tres siglos para reivindicar sus derechos de hoy. ¿Cómo? Yo me niego a echar la vista tan atrás para reivindicar mis derechos de hoy, entre otras cosas, porque tres siglos atrás ni yo, ni mis padres, ni mis abuelos, ni mis bisabuelos ni mis tatarabuelos estaban en Catalunya.

En fin, sin ánimo de desanimar a nadie, má bien todo lo contrario, allá cada uno con su coherencia, me pregunto yo si todos tenemos derecho a echar mano del argumento que nos convenga para pedir lo que nos interese.

Pues sinceramente creo que sí, ¿acaso no hay feos que con un buen corte de pelo y la camisa recién planchada pueden ser el más guapo de la fiesta? Pues eso.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Con su mismo

La semana pasada salía de cenar de una trattoria situada en la plaza Ibiza de Barcelona cuando me sorprendió ver que si en la plaza había unas 50-75 mesas de terraza, el 100% estaban ocupadas y todas por un grupo de personas. Me alegró ver que buenas costumbres como la de tomarse una cañita al final del día con los amigos no se pierden, porque lo que necesita ahora nuestra economía es eso, que quien pueda, consuma, pero me sorprendió que un simple martes, a las 10 de la noche, el nivel de consumientes fuese tan alto.

 
Ayer nos decidimos en casa a hacer una visita al siempre entretenido Ikea. Me maravilla ver lo bien preparado que está para incitar al consumo. Todo es fácil en Ikea excepto salir corriendo de las secciones, porque siempre hay algún objeto imán, que te atrapa. Al dejar el coche en el parking ya vimos que el sitio libre no era la opción más abundante y una vez dentro, confirmamos que si no es nada fácil salir corriendo, no solo porque haya un gran número de objetos imán, sino porque también hay una gran proporción de personas alrededor de ellos.

 
Con estos dos ejemplos no quiero decir que no haya crisis, bien al contrario, con esto quiero decir que las personas de a pie ya estamos haciendo lo que podemos para activar el consumo, que es lo que nos dicen que hace falta, pero también quiero empezar a ver los esfuerzos que hacen los de un poco más arriba.

domingo, 15 de julio de 2012

Neg-ocio

Acabo de enterarme de que el Cine Renoir Les Corts de Barcelona está cerrado. Esta mañana he ido a averiguar qué películas teníamos disponibles para ir este fin de semana y mi sorpresa ha sido mayúscula al descubrir que uno de los dos Renoir que había en Barcelona ya no está.
Ignoro si está de reformas (era ya algo vetusto) o si la crisis ha hecho tanta mella que los dueños se han visto ‘obligados’ a cerrar sus puertas.
Desde que me fui a vivir a la otra punta de la ciudad, no he vuelto con mucha frecuencia, pero si para mí la evolución lógica de aquel cine hubiera sido una remodelación de las salas, no entiendo qué ha hecho que mi cine de más de media vida, haya cerrado las puertas.
Por otro lado, y tras escuchar las noticias de esta mañana en las que la palabra más repetida ha sido ‘recortes’, no me extrañaría nada que las cuentas no le hayan salido al señor dueño de los Renoir y no haya podido hacer frente al futuro del negocio.
Porque para muchos, la cultura es un negocio. Música, cine, literatura, teatro, pintura y más, son una forma, como otra cualquiera de ganar dinero. Pero para mí no.
Ganar dinero, mucho o poco, se convierte en imprescindible para vivir en el momento en el que entramos en la rueda de la sociedad consumista actual, pero la cultura no puede estar incluida en esa rueda, porque no nace de la necesidad de comer, la cultura nace de la necesidad de expresarse. La explotación de la misma, es sin duda otro tema.

sábado, 7 de julio de 2012

Soluciones


Todas las aguas a 1 euro.
Eso es lo que reza uno de los carteles situados frente a la entrada del bar ubicado en la salida de la estación de metro por la que paso cada día cuando voy a trabajar. Miento, a veces salgo por la otra salida, pero en esa no hay bar y, por tanto, no hay aguas a 1 euro.
Carteles hay varios, un cruasán pequeño con todos los cafés, bocadillos de infinidad de ingredientes… pero ninguno me llama más la atención que el de las aguas.
Por si alguien tiene dudas sobre a qué se refiere con ‘todas las aguas’, debo decir que el cartel viene ilustrado con una fotografía de tres botellas de agua, una grande, una pequeña y una mediana, todas a 1 euro.
Es curiosa la iniciativa, porque si compras cualquiera de las tres botellas en un supermercado, cuestan mucho menos, pero si compras una de las tres en cualquier otro bar de estación (tentada he estado de decir 'cualquier otro bar'), te costará mucho más. Así que teniendo en cuenta que el bar de la estación del metro compite con otros bares similares a él y no con los supermercados, la oferta me parece espectacular.
Después ya están los fueros internos de cada uno para decidir si se aprovecha más de la oferta o lo hace menos al comprar una u otra botella; pero este bar, en cuyo nombre ni he reparado porque debido a sus excelentes coordenadas no hace falta, lo pone francamente fácil.
Tiempos difíciles, soluciones sencillas.

domingo, 17 de junio de 2012

Poder

Hoy me he prometido hacer muchas cosas y si nada lo remedia, las voy a hacer.
Para mí, hacer muchas cosas no es tener una actividad detrás de otra y luego pensar en hacer otra tarea y luego otra y así hasta que caigas rendido en la cama por la noche.
‘Hacer muchas cosas’ para mí es querer hacer algo y hacerlo. Si hablo en plural es que al menos han de ser dos. Porque querer hacer algo (razonable para nuestros objetivos, por supuesto) y hacerlo no siempre es tan fácil. Me explico.
¿No os ha pasado nunca el decir ‘tengo que hacer esto, a ver si me acuerdo’ y obviamente… nunca más se supo? Tal día os volvéis a acordar… ostras, a ver si me lo apunto, que quiero mirar aquello. Y pasan los días y pasan.
Pues eso mismo, me da una rabia tremenda querer hacer determinadas cosas y que pasen los días y pasen y no llevarlo a cabo.
Y pasa a todos los niveles, eh, a todos. En casa, a ver si ordeno aquel cajón, a ver si me arreglo aquellos pantalones, a ver si… a ver, a ver y ver y no vemos nunca nada.
Hoy me he prometido hacer muchas de las cosas que tengo pendientes en mi cabeza, o algunas al menos.
Querer hacer algo y hacerlo es la clave para mí. Probablemente es otra versión del ‘querer es poder’.

domingo, 3 de junio de 2012

RAP


El viernes pasado volvía yo en tren, as usual, de mi trabajo en Castelldefels al centro de Barcelona, cuando entró en el vagón en el que yo viajaba uno de esos músicos que van pidiendo en los transportes.
Para mi sorpresa, era una rapero.
A mí el rap no me dice ni fu ni fa, pero reconozco que tampoco le presto mucha atención. Prefiero músicas con grandes melodías y mucha y atemperada voz, pero si algo bueno se cruza en mi camino, lo intento reconocer.
Pues bien, el viernes se plantó a escasos metros de donde un grupo de turistas, algunos vecinos de las poblaciones del recorrido y yo estábamos, un rapero.
En lo que popularmente se dice ‘nada’ empezó a enlazar las frases unas con otras al ritmo de la sencillísima base musical que tenía de fondo y al instante nos enganchó tanto a los que entendíamos la letra como a los que no en su reivindicación y canción en forma de rap.
Se quejó de lo mismo que lo hacen los periódicos y las radios y tele cada día. Se zambulló en la cruda realidad con las únicas armas que tenía, sus ideas y su voz.
Resultado, unos eurillos a su gorra y risas y aplausos tímidos para reivindicar lo mismo que él, que estamos hartos de todo y que, mejor o peor, haremos lo que podamos para sobrevivir, tren abajo, tren arriba, en la vida.

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