Hace mucho tiempo que no os recomiendo una canción, pero esta la he oído tantas veces últimamente que no puedo dejar de mostrárosla.
Si yo fuera Mick Jagger aún estaría partiéndome de la risa por los suelos, qué divertido, pero como no lo soy, mejor me pongo a bailar y disfrutamos todos de un fin de semana largo de verano.
Blog creado para compartir ideas, sentimientos, realidades... todo aquello que haga sentirnos mejor.
viernes, 12 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Leer antes o después de dormir
Como a casi todo el mundo le pasará, exceptuando a los perfectos, hay cosas que sé hacer y hay otras muchas que no. Bueno, pues una de las que no sé por mucho empeño que le ponga es leer un libro en la cama, antes de dormir.
A mí siempre me ha gustado leer, por eso me metí en una carrera de letras, por eso he trabajado un altísimo porcentaje de mi vida laboral en el sector editorial (y sigo) y por eso en mi casa hay bastantes más libros que pares de zapatos.
Lo que no hago mucho es comprarme libros, sí, sé que hago mal, y más dedicándome como me dedico al sector. Pero es que me molesta muchísimo gastarme el dinero en un libro que no me guste. Lo odio sobremanera. Qué manera más tonta de tirar el dinero, porque ya es raro que puedas aprovechar un libro para nada más, qué ¿para calzar la mesa? Demasiado grandes, ¿para regalar? Patético. Debería existir la opción de devolver un libro si no te gustara… ah, perdón, que eso ya existe, se llaman bibliotecas y de ahí es de donde saco la mayoría de libros que leo.
De vez en cuando lo hecho de menos y voy y me compro alguno, Paul Auster, Marías, Rivas, alguno con garantías, pero sea de quien sea, antes de comprarlo tiene que pasar la prueba de la primera página. Yo siempre he pensado que un libro cuando es bueno, lo es de principio a fin. Puede flojear en alguna parte o puede ser extraordinariamente bueno solo en algunas partes, pero por lo general, quien escribe bien, lo hace en cada frase… por ello yo me leo el primer párrafo, si me engancha, leo las frases siguiente, y si cuando he acabado la página no puedo soltarlo de mis manos, se va a casa.
Y eso es lo que ha pasado con el nuevo de Javier Marías, Los enamoramientos, que me ha atrapado desde la primera palabra La.
Lo que ocurre es que no tengo mucho tiempo para leerlo, porque así como mucha gente aprovecha los minutos que pasa en vela previos al dulce sueño, yo no puedo. Soy marmota andante y tan pronto pongo mi cuerpo en la cama, me duermo. Puede parecer exagerado, pero no, si es hora de dormir, mi cuerpo es obediente como él solo. Me duermo. Así que intento aprovechar otros momentos perfectos para la lectura, pero no encuentro tantos…
A mí siempre me ha gustado leer, por eso me metí en una carrera de letras, por eso he trabajado un altísimo porcentaje de mi vida laboral en el sector editorial (y sigo) y por eso en mi casa hay bastantes más libros que pares de zapatos.
Lo que no hago mucho es comprarme libros, sí, sé que hago mal, y más dedicándome como me dedico al sector. Pero es que me molesta muchísimo gastarme el dinero en un libro que no me guste. Lo odio sobremanera. Qué manera más tonta de tirar el dinero, porque ya es raro que puedas aprovechar un libro para nada más, qué ¿para calzar la mesa? Demasiado grandes, ¿para regalar? Patético. Debería existir la opción de devolver un libro si no te gustara… ah, perdón, que eso ya existe, se llaman bibliotecas y de ahí es de donde saco la mayoría de libros que leo.
De vez en cuando lo hecho de menos y voy y me compro alguno, Paul Auster, Marías, Rivas, alguno con garantías, pero sea de quien sea, antes de comprarlo tiene que pasar la prueba de la primera página. Yo siempre he pensado que un libro cuando es bueno, lo es de principio a fin. Puede flojear en alguna parte o puede ser extraordinariamente bueno solo en algunas partes, pero por lo general, quien escribe bien, lo hace en cada frase… por ello yo me leo el primer párrafo, si me engancha, leo las frases siguiente, y si cuando he acabado la página no puedo soltarlo de mis manos, se va a casa.
Y eso es lo que ha pasado con el nuevo de Javier Marías, Los enamoramientos, que me ha atrapado desde la primera palabra La.
Lo que ocurre es que no tengo mucho tiempo para leerlo, porque así como mucha gente aprovecha los minutos que pasa en vela previos al dulce sueño, yo no puedo. Soy marmota andante y tan pronto pongo mi cuerpo en la cama, me duermo. Puede parecer exagerado, pero no, si es hora de dormir, mi cuerpo es obediente como él solo. Me duermo. Así que intento aprovechar otros momentos perfectos para la lectura, pero no encuentro tantos…
sábado, 6 de agosto de 2011
Lo que yo no te diga
Las aventuras y desventuras de mi modista no tienen precio.
Aparentemente es una señora mayor (bueno, no tan mayor, sus cerca de sesenta sí tendrá, que es una edad muy indefinida) con hijos en edad casadera o casados y con un marido al que le esconde las cosas, o mucho peor, los problemas.
Cuando fui a su casa a ‘probarme’ –maravillosa acepción del verbo probar– me hizo descansar un instante antes de hacerlo, porque el calor obligaba. Ese instante lo aprovechó ella cual paciente de sicoanalista sentado en el diván, hasta el último minuto.
Me contó problemas de su familia, en concreto el enfado de uno de sus hijos (es evidente que quien se ha enfadado de verdad es la nuera) y cómo pensaba solucionarlo.
Lo chocante de la solución es que implicaba dos secretos, no decirle nada a su hijo (el enfadado) y no decirle nada a su marido (no se vaya a llevar un disgusto).
Me muero de ganas de ir a la prueba final la semana que viene para ver qué ha pasado, pues sé que este fin de semana habría una ‘no tan casual’ reunión familiar y en ese tipo de reuniones puede pasar de todo.
Qué equivocada anda la gente si no va con la verdad por delante, qué craso error el de ir escondiendo lo que se piensa, lo que parece y lo que dejamos de creer. Yo, lejos de decirle a nadie lo que tiene que hacer, recomendaría no entrar en el juego, porque una vez se empieza, dudo que se pueda salir muy airoso. Ya veréis.
Aparentemente es una señora mayor (bueno, no tan mayor, sus cerca de sesenta sí tendrá, que es una edad muy indefinida) con hijos en edad casadera o casados y con un marido al que le esconde las cosas, o mucho peor, los problemas.
Cuando fui a su casa a ‘probarme’ –maravillosa acepción del verbo probar– me hizo descansar un instante antes de hacerlo, porque el calor obligaba. Ese instante lo aprovechó ella cual paciente de sicoanalista sentado en el diván, hasta el último minuto.
Me contó problemas de su familia, en concreto el enfado de uno de sus hijos (es evidente que quien se ha enfadado de verdad es la nuera) y cómo pensaba solucionarlo.
Lo chocante de la solución es que implicaba dos secretos, no decirle nada a su hijo (el enfadado) y no decirle nada a su marido (no se vaya a llevar un disgusto).
Me muero de ganas de ir a la prueba final la semana que viene para ver qué ha pasado, pues sé que este fin de semana habría una ‘no tan casual’ reunión familiar y en ese tipo de reuniones puede pasar de todo.
Qué equivocada anda la gente si no va con la verdad por delante, qué craso error el de ir escondiendo lo que se piensa, lo que parece y lo que dejamos de creer. Yo, lejos de decirle a nadie lo que tiene que hacer, recomendaría no entrar en el juego, porque una vez se empieza, dudo que se pueda salir muy airoso. Ya veréis.
sábado, 23 de julio de 2011
GRITAR
Una vez dije en clase de inglés que yo prohibiría que la gente gritase. Nadie compartía mi opinión y aunque generó bastante debate, quedó en poco menos que nada. Todo el mundo prohibía cosas ‘prohibibles’ y cuando yo dije ‘la gente que grita demasiado’ todos me miraron raro. No supe encontrar buen argumento, pero hace apenas unos días lo encontré.
Volvía yo en el tren, también llamado AVE, tan apaciblemente de Zaragoza cuando a una señora se le ocurrió llamar por teléfono a un amigo.
Me alegro sobremanera de que la señora tenga amistades, no hay nada mejor en el mundo, pero ¿qué derecho tenía ella a molestarnos el relajado momento a todos los pasajeros y a mí?
Que le vaya genial el crucero que la llevará de Barcelona a Algeciras, de allí a Túnez y de Túnez a Dubrovnik. Repitió el recorrido tres veces, imagino que a causa de la sordera del amigo, Miguel, por cierto, porque la mujer lo expresaba todo con suficiente volumen y claridad.
Que le aproveche el crucero y, si hay suerte, se quede allí y no nos moleste más. He dicho.
Volvía yo en el tren, también llamado AVE, tan apaciblemente de Zaragoza cuando a una señora se le ocurrió llamar por teléfono a un amigo.
Me alegro sobremanera de que la señora tenga amistades, no hay nada mejor en el mundo, pero ¿qué derecho tenía ella a molestarnos el relajado momento a todos los pasajeros y a mí?
Que le vaya genial el crucero que la llevará de Barcelona a Algeciras, de allí a Túnez y de Túnez a Dubrovnik. Repitió el recorrido tres veces, imagino que a causa de la sordera del amigo, Miguel, por cierto, porque la mujer lo expresaba todo con suficiente volumen y claridad.
Que le aproveche el crucero y, si hay suerte, se quede allí y no nos moleste más. He dicho.
martes, 5 de julio de 2011
Christopher
Predije que iba a llegar pronto y ya lo tengo aquí, la novedad del verano. Se llama Chris o Christopher, como prefiramos, y todos preferimos Chris aunque en otras circunstancias yo hubiera preferido Christopher, sin dudarlo.
Es mi nuevo profesor de inglés.
Por esa pasión que me caracteriza respecto a los idiomas, estoy empeñada en mejorar mi inglés todo lo que pueda y por ello me he apuntado a un cursillo intensivo de verano.
El curso de mi nivel no salió en la escuela que me interesaba y aunque a punto estuve de tirar la toalla… sobre la arena cada tarde, me di una vuelta por el barrio y allí la encontré. Una academia pequeña, con apenas 6 o 7 aulas, pero con mucho aspecto de academia y como el ambiente me atrapó y las sonrisas que allí vi, también, me apunté. Menos horas de las que me hubiera gustado para un intensivo, pero bien.
El primer día de clase, ayer, fue un día de presentación y contacto con los que éramos nuevos, y prueba de nivel para afirmarnos o reubicarnos en el nivel correspondiente.
Salí encantada con el profesor de mi nivel. Agradable, divertido, good-looking, no podía pedir más, la verdad; bueno sí, que me mantuvieran en ese nivel.
Y hurra, así ha sido. Hoy primer día de clase normal: alumnos cuatro chicos y dos chicas y él. Una maravilla, hemos encajado todos a la first, y además, nos lo vamos a pasar en grande porque las carcajadas que se han oído hoy en clase me parece que se repetirán muy a menudo, todos hemos coincidido al salir de clase, y hemos salido de allí porque nos han echado los de la clase siguiente, si no, allí que estábamos todavía contando nuestras vidas en inglés.
Así da gusto estudiar idiomas, bueno, idiomas y todo, si no dais crédito, poned unas risas en vuestra vida cuando la cosa se ponga seria y ya veréis qué bien.
Es mi nuevo profesor de inglés.
Por esa pasión que me caracteriza respecto a los idiomas, estoy empeñada en mejorar mi inglés todo lo que pueda y por ello me he apuntado a un cursillo intensivo de verano.
El curso de mi nivel no salió en la escuela que me interesaba y aunque a punto estuve de tirar la toalla… sobre la arena cada tarde, me di una vuelta por el barrio y allí la encontré. Una academia pequeña, con apenas 6 o 7 aulas, pero con mucho aspecto de academia y como el ambiente me atrapó y las sonrisas que allí vi, también, me apunté. Menos horas de las que me hubiera gustado para un intensivo, pero bien.
El primer día de clase, ayer, fue un día de presentación y contacto con los que éramos nuevos, y prueba de nivel para afirmarnos o reubicarnos en el nivel correspondiente.
Salí encantada con el profesor de mi nivel. Agradable, divertido, good-looking, no podía pedir más, la verdad; bueno sí, que me mantuvieran en ese nivel.
Y hurra, así ha sido. Hoy primer día de clase normal: alumnos cuatro chicos y dos chicas y él. Una maravilla, hemos encajado todos a la first, y además, nos lo vamos a pasar en grande porque las carcajadas que se han oído hoy en clase me parece que se repetirán muy a menudo, todos hemos coincidido al salir de clase, y hemos salido de allí porque nos han echado los de la clase siguiente, si no, allí que estábamos todavía contando nuestras vidas en inglés.
Así da gusto estudiar idiomas, bueno, idiomas y todo, si no dais crédito, poned unas risas en vuestra vida cuando la cosa se ponga seria y ya veréis qué bien.
viernes, 1 de julio de 2011
Coming soon
Hola amigos,
Lo sé, os tengo muy abandonados, pero por motivos ajenos a mi voluntad. Se me van las horas en menesteres diversos y variados y no paro frente al ordenador (personal) apenas nada, pero ya he decidido ponerle remedio. Si uno se organiza bien, suele haber tiempo para todo. El verano no me gusta, así que no prometo entradas muy divertidas, pero entre caña y tapa, algo ocurrirá que os pueda contar.
Gracias por seguir ahí y a disfrutar del verano.
Jo, llevo media hora intentando encontrar una canción que poneros para amenizaros el momento y no la encuentro, venga, coming soon!
Lo sé, os tengo muy abandonados, pero por motivos ajenos a mi voluntad. Se me van las horas en menesteres diversos y variados y no paro frente al ordenador (personal) apenas nada, pero ya he decidido ponerle remedio. Si uno se organiza bien, suele haber tiempo para todo. El verano no me gusta, así que no prometo entradas muy divertidas, pero entre caña y tapa, algo ocurrirá que os pueda contar.
Gracias por seguir ahí y a disfrutar del verano.
Jo, llevo media hora intentando encontrar una canción que poneros para amenizaros el momento y no la encuentro, venga, coming soon!
sábado, 4 de junio de 2011
Humo
Diálogo escuchado una mañana de sábado temprano entre un niño y una madre:
- ...mmmmm, mamá, ¡¡¡qué bien huele!!!
- La butifarra, ¿verdad?
- No, el humo.
No sé qué cara ha puesto la madre porque yo iba de camino al mercado y ya los había cruzado cuando el niño ha comentado sus preferencias, pero yo me he sonreído mucho porque corrobora una de las verdades más universales del mundo: que los niños tienen una espontaneidad maravillosa.
La escena tenía lugar en la plaza que hay frente al mercado que tengo muy cerca de casa. Este fin de semana son las fiestas del barrio y entre las múltiples actividades que proponen los organizadores, celebran una butifarrada popular, qué gran idea, la gente acude en masa, me consta. Por eso he ido a comprar antes de lo que habitúo.
Lo que se olía en la plaza en ese momento era, en efecto, las brasas para hacer las butifarras y resulta cuanto menos curioso observar que mientras el subconsciente de la madre ya estaba pensando en el resultado, el niño seguía disfrutando de la realidad.
- ...mmmmm, mamá, ¡¡¡qué bien huele!!!
- La butifarra, ¿verdad?
- No, el humo.
No sé qué cara ha puesto la madre porque yo iba de camino al mercado y ya los había cruzado cuando el niño ha comentado sus preferencias, pero yo me he sonreído mucho porque corrobora una de las verdades más universales del mundo: que los niños tienen una espontaneidad maravillosa.
La escena tenía lugar en la plaza que hay frente al mercado que tengo muy cerca de casa. Este fin de semana son las fiestas del barrio y entre las múltiples actividades que proponen los organizadores, celebran una butifarrada popular, qué gran idea, la gente acude en masa, me consta. Por eso he ido a comprar antes de lo que habitúo.
Lo que se olía en la plaza en ese momento era, en efecto, las brasas para hacer las butifarras y resulta cuanto menos curioso observar que mientras el subconsciente de la madre ya estaba pensando en el resultado, el niño seguía disfrutando de la realidad.
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