domingo, 10 de abril de 2011

Pasión

Sabía yo que eso de estudiar y trabajar al mismo tiempo era duro. Nunca lo hice en mis tiempos de estudiante, pero una vez pasas al mundo del currante, no te queda otra. Y cuando me decidí a hacer este máster, en Gestión Integrada de Proyectos por cierto, me imaginé que iba a ser duro, pero no tanto. No dormir más de 6 horas seguidas ni una noche en muchos meses no se me ha hecho fácil y trabajos y más trabajos y en grupo e individuales y aquí y allá y proyectos y gestión. Tremendo.

¿Ha valido la pena? Me preguntaban hace unos días. Sin duda sí, te dejas mucho dinero y esfuerzo, pero vale vale, y mucho más teniendo en cuenta los cambios que se me avecinan en el terreno laboral. Acerté.

Y ya ha acabado. Sin resultados, todavía. Las evaluaciones, salvo en el examen del carnet de conducir no se suelen saber con mucha celeridad, por lo que como paciente que soy, esperaré tranquilamente 2 o 3 meses a saber en qué queda la cosa, confío en que quede bien.

Ahora lo que toca es unos días de amplias celebraciones (tengo mucho que celebrar ahora, chicos…) y en seguida volver al trabajo con la mayor de las energías y, por supuesto, de las pasiones.

Os dejo con una de las buenas canciones de Scorpions, que no habla de las mismas pasiones que hablaba yo (¿o sí? :-D ) pero que viene a decir lo mismo. En esta vida, o te mueves por pasión, o no avanzas.

lunes, 7 de marzo de 2011

Carnaval

Si a un vagón de metro suben un policía, un cura y un mecánico, puede ser un día cualquiera, pero si a ese mismo vagón se suben una cabaretera, un gato que mida metro ochenta, un hombre de cromañón y una niña con vestido de faralaes, es que estamos en carnaval.
Bueno, me pregunto si en Andalucía las niñas también se pondrán vestidos de faralaes como disfraz. Apuesto a que no. Y también apuesto a que los curas no irán vestidos de curas en el metro porque sea carnaval…
Hacía tiempo que no os escribía y me pareció esta una reflexión curiosa para retomar mi relación bloggera.
No voy menos agobiada que meses atrás, de hecho, estoy en la recta final del master que por varios meses se ha apoderado de mí, pero os echaba de menos y quería comentaros algo sobre Carnaval.
A mí me gusta pensar en Carnaval como se debía pensar desde que se inventó. Como unos días de excesos máximos, descontrol y lujuria para desinhibirse lo máximo posible antes de entrar en los recatadísimos y austeros días de Cuaresma. De ahí provienen los disfraces, la máscara que nos permite desinhibirnos todo lo que queramos sin miedo a ser reconocidos.
Yo, por si acaso, y como soy muy prudente, intento dosificar los excesos, para que, por supuesto, siempre haya alguno en mi vida, y que inmediatamente después pueda ser compensado por otro acto austero. Dicen que en el punto medio está la virtud…

miércoles, 9 de febrero de 2011

Letargo

Hola a todos,
Como cada invierno les pasa a muchos animales, este año me ha tocado a mí. Y aunque se trate de una de mis estaciones preferidas (nunca por encima de su predecesora, el otoño), este invierno estoy demasiado inactiva en mi blog.
Sabía yo que estudiar un master ocupaba mucho de tu tiempo libre, pero hasta que no se mete uno en él, no sabe cuánto.
Os pido disculpas por este letargo, porque además de dejaros sin una nimia fuente de reflexiones, me dejo a mí misma sin lugar para dar rienda suelta a todos los renglones que uno tras otro acuden a mi cabeza sin ocasión de hacerse realidad.
Prometo apuntar las mejores ideas en una servilleta y a la mínima que tenga un minuto, os las cuento.
Gracias a todos por esperar y, por supuesto, os dejo con una buena melodía, no creo que sea la versión que más os guste, pero como es mi blog y es mi letargo, me quedo con una que ahora mismo me parece bastante original :-D
Nos vemos.


sábado, 15 de enero de 2011

Alcohol

Cuando se cumplen dos semanas de la entrada en vigor de la ley antitabaco en España, los que me conocéis esperáis como agua de mayo que escriba sobre la misma, pero estoy tan estupefacta con los beneficiosos efectos de la ley sobre el olor de mi ropa que de momento, os hablaré de otros temas. El alcohol, por ejemplo.
El alcohol es francamente malo. Ya sé que estáis cansados de oír y de leer que mucho alcohol en tus venas (por más que se jactara Ramoncín) no trae nada bueno ni para tu hígado ni, por motivos que a continuación os explicaré, para tu cabeza. Pero vale la pena repetirlo, os lo aseguro.
Estaba yo la otra tarde tosiendo como una loca en la consulta del médico (me encuentro algo mejor, gracias), cuando a nuestro lado se paseaba arriba y abajo una chica que apretaba su cabeza con ambas manos, daba la impresión de que le iba a estallar y si esa era la impresión que nos daba a nosotros, no quiero ni pensar qué impresión le daba a ella.
La muchacha se sentó algo más allá, al lado de otra, a la que por lo que se ve no le dolía nada. La otra sacó su teléfono móvil del bolso e hizo una llamada. Gracias a la mitad de esa llamada (la de la chica acompañante) todos nos enteramos de qué le había pasado. Estando de fiesta, ella y un grupo de amigos habían bebido más de la cuenta, demasiado probablemente, y cuando regresaban a casa, la chica se había resbalado y se había caído de espaldas golpeando su cabeza contra el suelo. Quiero pensar que su trasero llegó al suelo antes que su cabeza o un brazo o un hombro, porque de llegar primero la cabeza, a buen seguro que la hubiéramos visto bien vestida y rodeada de flores en horizontal, pero como estaba allí, quise pensar en positivo.
Una pequeña recomendación: si bebes, ni conduzcas, ni hagas estupideces, porque te puede ocurrir algo soberanamente estúpido, en el mejor de los casos.
Pero como todos sabéis que siempre intento ver la versión más positiva de las cosas, os dejo con una imagen más optimista del alcohol. Imaginaos esta otra estampa: de fondo música suave, una botella de vino, luz de unas velas y una manta… no me negareis que es ideal. Aisssss, el invierno es lo que tiene, a menudo apetece taparse con una manta, ¿verdad?

domingo, 2 de enero de 2011

Página en blanco

El mayor miedo de todo escritor es el de enfrentarse a una página en blanco. Da miedo e incluso pavor el situarse frente a un espacio en blanco en el que se supone que has de verter ingeniosas o ilustradas ideas y ese miedo se multiplica si encima te pagan por ello.
Pero cuando suelto esta verdad, me viene de inmediato a la cabeza un buen amigo coleccionista de cervezas del mundo que me ha repetido más de una y de dos veces lo importante que es la labor de investigación previa a ese momento. Como decía aquel… si viene la inspiración que me pille trabajando, ¿verdad?
Pues algo parecido me ha venido esta mañana a la cabeza cuando en uno de los vídeos que veo en inglés por aquello de practicar los idiomas explicaban qué tenemos que hacer este nuevo año 2011 para tener éxito económico. La locutora del vídeo, con una sorprendente voz bastante desafinada pero muy entusiasta, nos explicaba que para alcanzar unos buenos propósitos financieros para 2011 (reducir nuestra deuda, ahorrar más y gastar menos) solo tenemos que seguir tres (me temo que no muy sencillas) reglas: tener un objetivo realista (en la cantidad y en el tiempo), escribir nuestro plan para llevarlo a cabo y, por último, usar la cabeza y no el corazón, a la hora de actuar.
No sé si parece sencillo o complicado, pero yo por lo menos, me pongo a ello sin dilación, que el año en el que entramos no se avecina fácil en términos económicos, pero sé que si nos enfrentamos con una buena actitud, puede que resulte un poco mejor.

martes, 21 de diciembre de 2010

La justicia

No es frecuente encontrar bares, cafeterías, restaurantes o locales en los que aún sirvan el azúcar en terrones.
Tal vez ando muy equivocada, pero lo cierto es que hacía mucho tiempo que nadie me ofrecía uno hasta ayer.
Andaba yo tan entretenida en Zaragoza con el frío y el primer cumpleaño de mi adorado sobrino cuando se me ocurrió entrar en una conocida (y única) cafetería de la Plaza de los Sitios a tomarme un café con leche. Cuál fue mi sorpresa al descubrir los dos terroncillos junto a la taza, ¡qué cosa tan antigua! pensé. Con los prácticos, cómodos y equitativos que resultan los sobrecillos… ¿y si quiero más de un terrón y menos de dos?, ¿pido un cuchillo para echar el azúcar exacto que yo desee?
Por suerte para los terroncillos no soy persona de muchas manías, con lo que sin pensármelo mucho, les quité el envoltorio y se fueron directos a la taza.
Al terminarme el café me marché de la cafetería tan feliz como había entrado, pero con la profunda disquisición en mi cabeza sobre lo difícil que es a veces en la vida, ser justo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Autocontrol

Autocontrol es lo que hubieran necesitado unos pocos hace unos días, cuando ‘a la valiente’ y sin encomendarse a santo alguno, se decidieron a no ir a trabajar para reivindicar su causa laboral. Mira tú qué bien. Lo malo es que su no ir a trabajar afecta a, por un lado, muchas personas, y, por otro (y con más consecuencias) a muchos bolsillos de personas.

Estoy hablando de los controladores aéreos de España, qué majos ellos. Independientemente de sus dificultades laborales, que en ningún momento negaré que las deben de tener, y gordas, es evidente que muy sanos del juicio no andan. Pobrecicos míos. Qué mal se habrán explicado cuando los ciudadanos de a pie nos hemos quedado con que ganan un dineral y encima se quejan (el otro día me decía un compañero de trabajo inglés… (oh, God, one hundred euros per year and they go on strike?, why?) Claro, en esta vida no todo es el dinero, y por supuesto tampoco me molesté en explicárselo a mi compañero. Si los propios interesados no se molestan en explicarnos qué problemas tienen y lo único que se les ocurre es que jodiendo al personal en lo que más les duele van a conseguir arreglar sus problemas, pues yo no voy a preocuparme en hacer bandera de sus reivindicaciones (bastante tengo con las mías).

He leído en algún diario que mañana jueves los controladores deciden si van a la huelga o no. Por mí que vayan, ahora mismo, si me lo dicen con tiempo, como suele ocurrir cuando hay una huelga de conductores de tren, de autobuseros, de recogedores de basuras (estas, sin duda son las peores… qué apestosas), yo me organizo y decido si arriesgarme a volar con los servicios mínimos, si tomar otro medio de transporte o si quedarme en casa, pero si vuelven a decir que todo es absolutamente normal y llego un día al aeropuerto y me encuentro con que no puedo volar porque a 120 controladores les ha dado un vahído de golpe, qué casualidad, les desearé lo peor, es decir, que resucite Ronald Reagan y les dé un susto de muerte. Hombre ya, tanta altivez…

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