Hoy os hablaré de cine. Ni de pintura, ni de museos, de cines, los Renoir. Así que a quien no le interese el tema, que deje de leer aquí, que ya os advierto que de pintura no va la entrada de hoy, en principio.
Yo vivo relativamente cerca de uno de los dos cines Renoir que hay en Barcelona, a saber, son el Les Corts y el Floridablanca; el primero le debe su apellido al barrio, el segundo, a la calle en la que se ubica. Ambos le deben el nombre al cineasta… sí, hijo del pintor, sabía yo que antes o después iba a nombrar al pintor…
Bueno, a lo que iba, que hoy he ido al cine, al que no es el ‘mío’ al Floridablanca, porque la película que quería ver solo la daban en aquel. Muy a mi pesar, porque el Les Corts es más íntimo, más de estar por casa. Una de dos, o es más viejo, o han invertido menos dinero (o ambos), porque yo entiendo que si el Floridablanca está en el centro de la ciudad, atrae a más público y vale la pena invertir en él, eso lo entiende cualquiera. Pero que yo me siente en alguna de las salas del Les Corts y al sentarme en la butaca esté más cerca del suelo que si me sentara en el mismo suelo, resulta cuanto menos, curioso.
Pero me gusta, por raro que os parezca. Me gusta que casi nunca haya colas eternas para comprar la entrada (la cola más enorme la recuerdo para ver una de Woody Allen, la cola era enorme y la lluvia que nos caía más, pero es que Woody mueve mucho, amigos), me gusta que la calle sea tranquila, me gusta que sean salas de cine en versión original y me gusta que pueda ir y volver andando desde mi casa. Sentarme tan cerca del suelo, vale la pena en algún caso, muy pocos, y este es uno de ellos.
Pero hoy no he ido a mi cine favorito, he ido al ‘otro’ porque no tenía opción de ver a uno de los actores más atractivos en grande. He ido a ver Up in the air. Película muy interesante por su temática, real y universal como pocas, y que para los que estéis aprendiendo inglés, os va a ir genial ver en versión original; Clooney, además de otros talentos, tiene una dicción que ríete tú del mejor profesor de Oxford. Aissss, muchas gracias Renoir.
Blog creado para compartir ideas, sentimientos, realidades... todo aquello que haga sentirnos mejor.
domingo, 14 de febrero de 2010
martes, 9 de febrero de 2010
Electricidad
Llego a casa y enciendo la luz, voy a mi habitación y repito la operación, enciendo la luz. En primer lugar porque no tengo mucha luz natural en todas las habitaciones y en segundo lugar porque son más de las 6 y media de una tarde de febrero y ya es hora de que el sol se haya ido a dormir.
Me quito la ropa que llevo y me pongo cómoda. Intento vestir muy cómoda siempre, pero para ir a trabajar a veces llevo tacones que en cuanto llegan a casa les gritan a las zapatilla, venid venid, os toca. Y así es la cosa.
En seguida pongo música de fondo, cualquier emisora de radio si lo que quiero es escuchar música "de fondo". Voy al baño, me lavo con agua caliente (gracias al calentador de agua, que es eléctrico y que no requiere encenderlo de manera manual, como ocurría con el que tenía hace años, ahora abres el grifo y el agua se calienta al instante, prodigioso).
Después voy a la cocina y me preparo algo para merendar, algo ligero y hoy, como llueve mucho, me apetece algo calentito. No tengo microondas, así que enciendo el fuego, caliento la leche y me preparo un Nescafé suave.
Mientras lo tomo, decido que es buen momento para escribir en mi blog. Pienso en vosotros. Pero tengo frío, así que me acerco a la estufa y la enciendo, no muy fuerte, porque hoy ha llovido pero no ha hecho mucho frío. Ahora mejor.
Ostras, tengo el móvil casi sin batería, esperad, que lo voy a poner a cargar.
¿Me siento?
Pues no, aún no, perdonad, dejaré la lavadora funcionando mientras escribo. Lleva días lloviendo y no me gusta poner la lavadora tan alegremente como cuando hace un sol radiante, pero la ropa se acumula y aunque la tenderé bajo cubierto, necesito ponerla.
Ahora sí, me siento frente a mi portátil, que previamente cargué. Hay veces que no me importa trabajar con el portátil conectado a la corriente, pero hoy no me apetecía, hoy he querido hacerlo sin cables para homenajear a alguien, porque por sencillo que parezca, nada de todo lo que he hecho hasta ahora podría haberlo hecho de igual forma si no fuera por la electricidad. Probablemente no pensamos en ello a menudo, pero tenemos mucho que agradecerle hoy al fenómeno que nadie inventó, a ese que al correr de los tiempos fue haciéndose más fuerte hasta que llegó un día en que sin duda alguna, dominó el mundo. ¿Qué somos sin ella?
Me quito la ropa que llevo y me pongo cómoda. Intento vestir muy cómoda siempre, pero para ir a trabajar a veces llevo tacones que en cuanto llegan a casa les gritan a las zapatilla, venid venid, os toca. Y así es la cosa.
En seguida pongo música de fondo, cualquier emisora de radio si lo que quiero es escuchar música "de fondo". Voy al baño, me lavo con agua caliente (gracias al calentador de agua, que es eléctrico y que no requiere encenderlo de manera manual, como ocurría con el que tenía hace años, ahora abres el grifo y el agua se calienta al instante, prodigioso).
Después voy a la cocina y me preparo algo para merendar, algo ligero y hoy, como llueve mucho, me apetece algo calentito. No tengo microondas, así que enciendo el fuego, caliento la leche y me preparo un Nescafé suave.
Mientras lo tomo, decido que es buen momento para escribir en mi blog. Pienso en vosotros. Pero tengo frío, así que me acerco a la estufa y la enciendo, no muy fuerte, porque hoy ha llovido pero no ha hecho mucho frío. Ahora mejor.
Ostras, tengo el móvil casi sin batería, esperad, que lo voy a poner a cargar.
¿Me siento?
Pues no, aún no, perdonad, dejaré la lavadora funcionando mientras escribo. Lleva días lloviendo y no me gusta poner la lavadora tan alegremente como cuando hace un sol radiante, pero la ropa se acumula y aunque la tenderé bajo cubierto, necesito ponerla.
Ahora sí, me siento frente a mi portátil, que previamente cargué. Hay veces que no me importa trabajar con el portátil conectado a la corriente, pero hoy no me apetecía, hoy he querido hacerlo sin cables para homenajear a alguien, porque por sencillo que parezca, nada de todo lo que he hecho hasta ahora podría haberlo hecho de igual forma si no fuera por la electricidad. Probablemente no pensamos en ello a menudo, pero tenemos mucho que agradecerle hoy al fenómeno que nadie inventó, a ese que al correr de los tiempos fue haciéndose más fuerte hasta que llegó un día en que sin duda alguna, dominó el mundo. ¿Qué somos sin ella?
viernes, 5 de febrero de 2010
Odios y pasiones
Hace unos días pasé un fin de semana en Zaragoza, ciudad a la que por diversos motivos, me unen prácticamente todos los vínculos emocionales posibles. Ese fin de semana tuve oportunidad de vivir en mi persona los amores y los odios que algunas personas suscitamos(ais) en el mundo.
Iba yo paseando por la calle una noche cuando de pronto, en el momento en el que adelantábamos a una pareja a la altura de un bar, se oye la voz del hombre que dice: “tenían que morirse todos, empezando por Guardiola”. Imposible describir la cantidad de emociones adversas que acudieron en tropel a mi mente. Intenté respirar hondo y giré mi cabeza con toda la virulencia que mis cervicales me permitieron, me dirigí a él y le dije “muchas gracias, hombre, y yo la segunda… pues muy a su pesar, también hay culés en Zaragoza, que lo sepa”. Obviamente se refería al resultado futbolístico que acababa de ver en la televisión de un bar, al pasar por delante de él, y era obvio que el Barça iba ganando y era evidente también, que esa persona era de un equipo que no era el barcelonés, pero me pareció algo excesiva la expresión, máxime cuando no estaba en el fragor de ninguna pelea futbolística.
Pero es que al día siguiente me ocurrió prácticamente lo contrario.
Cuando me dirigía a la estación a coger el tren, me di cuenta de que llegaba algo justa de tiempo y aunque seguro que hubiera llegado, soy un poco ‘agonías’ en este aspecto y siempre me gusta llegar con tiempo a los medios de transporte. De modo que paré un taxi y me subí a él.
Es muy habitual que los taxistas que te llevan a estaciones o aeropuertos te pregunten por tu destino, imagino que con eso, sus mentes también viajan por un momento. Reconozco que a veces no he querido revelar mi vida privada a un desconocido y he dicho el primer destino (creíble) que se me ha pasado por la cabeza. Pero después de la puñalada que había recibido ayer, dije con la boca bien grande “a Barcelona”. Bueno, en qué momento dije Barcelona. Seguro que a ese hombre le dicen que va a ser abuelo y no se emociona más. Casi se le saltaban las lágrimas. Ahora, a punto de jubilarse, si es que no lo estaba ya… vivía en Zaragoza, su ciudad natal, pero había estado muchos años trabajando en Barcelona y área del Vallés y el hombre se emocionaba al recordarlo. Que todos le habían tratado muy bien, que sus compañeros le habían acogido muy bien, que en las reuniones sus compañeros hablaban castellano por él y él se negó porque quería participar de su cultura… vaya, le sobraban argumentos para alabar a los catalanes con los que se había encontrado en su camino. Regresé en el tren con una sonrisa en mi cara.
Increíble. En 48 horas había experimentado en mi propia persona los sinsabores y las alegrías que inspiramos algunos catalanes por el mundo.
Y lo más curioso del caso es que no pienso que se trate de catalanes, ni de andaluces ni de helvéticos. Se trata de sentimientos, de emociones y, por mucho que cueste creer, de inteligencia, de ida y de vuelta.
Iba yo paseando por la calle una noche cuando de pronto, en el momento en el que adelantábamos a una pareja a la altura de un bar, se oye la voz del hombre que dice: “tenían que morirse todos, empezando por Guardiola”. Imposible describir la cantidad de emociones adversas que acudieron en tropel a mi mente. Intenté respirar hondo y giré mi cabeza con toda la virulencia que mis cervicales me permitieron, me dirigí a él y le dije “muchas gracias, hombre, y yo la segunda… pues muy a su pesar, también hay culés en Zaragoza, que lo sepa”. Obviamente se refería al resultado futbolístico que acababa de ver en la televisión de un bar, al pasar por delante de él, y era obvio que el Barça iba ganando y era evidente también, que esa persona era de un equipo que no era el barcelonés, pero me pareció algo excesiva la expresión, máxime cuando no estaba en el fragor de ninguna pelea futbolística.
Pero es que al día siguiente me ocurrió prácticamente lo contrario.
Cuando me dirigía a la estación a coger el tren, me di cuenta de que llegaba algo justa de tiempo y aunque seguro que hubiera llegado, soy un poco ‘agonías’ en este aspecto y siempre me gusta llegar con tiempo a los medios de transporte. De modo que paré un taxi y me subí a él.
Es muy habitual que los taxistas que te llevan a estaciones o aeropuertos te pregunten por tu destino, imagino que con eso, sus mentes también viajan por un momento. Reconozco que a veces no he querido revelar mi vida privada a un desconocido y he dicho el primer destino (creíble) que se me ha pasado por la cabeza. Pero después de la puñalada que había recibido ayer, dije con la boca bien grande “a Barcelona”. Bueno, en qué momento dije Barcelona. Seguro que a ese hombre le dicen que va a ser abuelo y no se emociona más. Casi se le saltaban las lágrimas. Ahora, a punto de jubilarse, si es que no lo estaba ya… vivía en Zaragoza, su ciudad natal, pero había estado muchos años trabajando en Barcelona y área del Vallés y el hombre se emocionaba al recordarlo. Que todos le habían tratado muy bien, que sus compañeros le habían acogido muy bien, que en las reuniones sus compañeros hablaban castellano por él y él se negó porque quería participar de su cultura… vaya, le sobraban argumentos para alabar a los catalanes con los que se había encontrado en su camino. Regresé en el tren con una sonrisa en mi cara.
Increíble. En 48 horas había experimentado en mi propia persona los sinsabores y las alegrías que inspiramos algunos catalanes por el mundo.
Y lo más curioso del caso es que no pienso que se trate de catalanes, ni de andaluces ni de helvéticos. Se trata de sentimientos, de emociones y, por mucho que cueste creer, de inteligencia, de ida y de vuelta.
viernes, 22 de enero de 2010
Simplemente
Como mucha gente, yo tengo varios ex y varios ex con blog, pero hoy solo os hablaré de uno. Del blog del ex que tiene un blog con imágenes, él sabe quién es.
Como ya sabéis los que me leéis (y gracias a todos, porque sois muchos) de mis ex no he hablado prácticamente nunca en este blog, entre otras cosas porque intento hablar de cosas positivas… :-D va, permitidme la broma, chicos, que no es para tanto. Pero lo he hecho un par de veces, de ex diferentes, eso sí, seguramente de los más importantes.
Y es que igual que no todas las personas que conocemos nos dejan la misma huella, con los ex pasa lo mismo.
Porque para más inri, yo lo pongo fácil, porque meto en la categoría de ex a todo el ex que ahora lo sea, del tipo que sea… parejas largas, cortas, eternas, amantes, flirts (a esta palabra prometo dedicarle un día la sección Palabra del día…), todo aquel que haya tocado de algún modo mi corazón y algo más, ahí tienen cabida.
Incluso amores platónicos, fijaos, qué manga ancha me gasto…
El truco para meter a tanta gente en el saco ‘ex’ reside en añadir ex a lo que realmente fueran, por ejemplo, ex novio, ex amante, ex amor platónico, y así, sin mentir, aumenta la cantidad de ex en un plis plas (o más amenamente, que diría un compañero de trabajo), que en algunos círculos puede aumentar el caché emocional de las personas, pero yo prefiero pensar que sirve para mantener la mente en forma, por el simple hecho de intentar recordarlos a todos. Porque tras un tiempo pasado, todo puede ocurrir (o a mí me ha ocurrido), que los que han dejado huella sigan ahí y los que pasaron inadvertidos, pues Dios sabrá dónde paran…
Total, que se me han pasado las frases sin hablar del blog que quería hablar, qué cosas… pero el rato ha pasado bien amenizado por la discografía de Simply Red. Qué ochentera me pongo a veces... Aquí os dejo uno de sus éxitos, con un vídeo realizado en el metro de New York. Hoy toca flashback, hay clásicos que no pueden perderse.
Como ya sabéis los que me leéis (y gracias a todos, porque sois muchos) de mis ex no he hablado prácticamente nunca en este blog, entre otras cosas porque intento hablar de cosas positivas… :-D va, permitidme la broma, chicos, que no es para tanto. Pero lo he hecho un par de veces, de ex diferentes, eso sí, seguramente de los más importantes.
Y es que igual que no todas las personas que conocemos nos dejan la misma huella, con los ex pasa lo mismo.
Porque para más inri, yo lo pongo fácil, porque meto en la categoría de ex a todo el ex que ahora lo sea, del tipo que sea… parejas largas, cortas, eternas, amantes, flirts (a esta palabra prometo dedicarle un día la sección Palabra del día…), todo aquel que haya tocado de algún modo mi corazón y algo más, ahí tienen cabida.
Incluso amores platónicos, fijaos, qué manga ancha me gasto…
El truco para meter a tanta gente en el saco ‘ex’ reside en añadir ex a lo que realmente fueran, por ejemplo, ex novio, ex amante, ex amor platónico, y así, sin mentir, aumenta la cantidad de ex en un plis plas (o más amenamente, que diría un compañero de trabajo), que en algunos círculos puede aumentar el caché emocional de las personas, pero yo prefiero pensar que sirve para mantener la mente en forma, por el simple hecho de intentar recordarlos a todos. Porque tras un tiempo pasado, todo puede ocurrir (o a mí me ha ocurrido), que los que han dejado huella sigan ahí y los que pasaron inadvertidos, pues Dios sabrá dónde paran…
Total, que se me han pasado las frases sin hablar del blog que quería hablar, qué cosas… pero el rato ha pasado bien amenizado por la discografía de Simply Red. Qué ochentera me pongo a veces... Aquí os dejo uno de sus éxitos, con un vídeo realizado en el metro de New York. Hoy toca flashback, hay clásicos que no pueden perderse.
domingo, 17 de enero de 2010
Apolítica
¡Yo soy apolítico! exclamó ayer con gran entusiasmo un hombre que estaba sentado junto con otros tres en un banco de un pasaje peatonal, muy cerca de mi casa.
Parecía uno de esos hombres que a las doce del mediodía de un sábado ya lo tiene todo hecho y se dedica a tomar, tan ricamente, el sol de invierno en un banco con sus amigos, mientras los que nos creemos jóvenes vamos casi a la carrera, de una tienda a otra, con bolsas en la mano y la mente llena de quehaceres de un sábado por la mañana.
Me fijé en su exclamación porque en ese momento yo pasaba justo a su lado. Me hizo sonreír porque pensé, este hombre, como tantas otras personas, está cansado de políticos y, lo que es peor, de política.
Pero cuál fue mi sorpresa cuando justo a continuación añadió… “me gustan tanto los de izquierdas como los de derechas”, y soltó una risa muy simpática.
Proseguí mi camino algo desconcertada, la verdad, porque si uno es apolítico, irremediablemente, no es amigo de política, porque para eso (entre otras muchas cosas) sirve el prefijo a- para decir que niegas lo que sigue a continuación. Pero este buen hombre no solo no lo negaba, sino que estaba haciendo alegato de algo difícil de encontrar hoy en día, que estés a favor de unas ideas políticas y a la vez, de las opuestas.
Tal vez es que las ideas políticas en algunos momentos de algunos países no son tan opuestas, o que una mente optimista puede encontrar valores positivos tanto en una corriente como en otra. Daría algo grande por saber lo que vota este hombre en las elecciones…
Por otro lado, descubrí que no tenemos un prefijo que lo aúna todo. Si este hombre necesitaba una palabra para indicar que le gustan muchos partidos políticos, no la tenía (y a mí no se me ocurre) –seguramente porque es difícil de concebir que seas de derechas y de izquierdas a la vez–, por lo que utilizó la opuesta. Gran virtuosismo lingüístico el de este señor. Volveré a pasar por ahí, por si tengo la fortuna de escuchar alguna otra frase tan aleccionadora como esta: soy apolítico.
Parecía uno de esos hombres que a las doce del mediodía de un sábado ya lo tiene todo hecho y se dedica a tomar, tan ricamente, el sol de invierno en un banco con sus amigos, mientras los que nos creemos jóvenes vamos casi a la carrera, de una tienda a otra, con bolsas en la mano y la mente llena de quehaceres de un sábado por la mañana.
Me fijé en su exclamación porque en ese momento yo pasaba justo a su lado. Me hizo sonreír porque pensé, este hombre, como tantas otras personas, está cansado de políticos y, lo que es peor, de política.
Pero cuál fue mi sorpresa cuando justo a continuación añadió… “me gustan tanto los de izquierdas como los de derechas”, y soltó una risa muy simpática.
Proseguí mi camino algo desconcertada, la verdad, porque si uno es apolítico, irremediablemente, no es amigo de política, porque para eso (entre otras muchas cosas) sirve el prefijo a- para decir que niegas lo que sigue a continuación. Pero este buen hombre no solo no lo negaba, sino que estaba haciendo alegato de algo difícil de encontrar hoy en día, que estés a favor de unas ideas políticas y a la vez, de las opuestas.
Tal vez es que las ideas políticas en algunos momentos de algunos países no son tan opuestas, o que una mente optimista puede encontrar valores positivos tanto en una corriente como en otra. Daría algo grande por saber lo que vota este hombre en las elecciones…
Por otro lado, descubrí que no tenemos un prefijo que lo aúna todo. Si este hombre necesitaba una palabra para indicar que le gustan muchos partidos políticos, no la tenía (y a mí no se me ocurre) –seguramente porque es difícil de concebir que seas de derechas y de izquierdas a la vez–, por lo que utilizó la opuesta. Gran virtuosismo lingüístico el de este señor. Volveré a pasar por ahí, por si tengo la fortuna de escuchar alguna otra frase tan aleccionadora como esta: soy apolítico.
sábado, 9 de enero de 2010
Polvo eres
Os voy a contar algo que muchos de vosotros no sabéis de mí. Vivo peligrosamente enganchada a Radio 5 todo noticias. No sé qué me tiene tan enganchada, pero me tiene. Por cierto, ignoro si Radio 5 se puede llamar así a secas, porque a mí solo me sale todo seguido: Radio 5, todo noticias.
La primera vez que escuché esta cadena de radio fue a través de la radio de mi padre, es un fan de Radio 5 todo noticias. Muchas veces la tiene de fondo en casa durante el día y siempre la escucha durante dos de las comidas imprescindibles del día: el desayuno y la merienda.
El caso es que algunos días, en especial durante el fin de semana, le acompaño en estos dos quehaceres, y ahí me tenéis tan a gusto escuchando una muy entretenida e instructiva emisora de radio.
En esta emisora se disfruta, entre diversos programas, de pequeñas piezas de unos cinco minutos de información de muy diversa índole. Desde cinco minutos dedicados a mantener vivo el planeta, cinco minutos dedicados a los videojuegos, otros cinco dedicados a lo último en investigaciones científicas, cinco más dedicados a resolver incorrecciones del lenguaje, etc. Los llaman microespacios y más que micro, en mi mente llenan macroespacios. Aunque sin duda, mi preferido es Polvo eres, el microespacio de Nieves Concostrina, que trata temas mortuorios. Entierros curiosos, divertidos, dramáticos, espectaculares, epitafios de lo más desternillante o información interesante sobre el delicado tema de la muerte. A nadie he oído hablar con tanto acierto de estos temas, tanto, que no destaca (por morboso) lo más mínimo del microespacio que le preceda. Esta periodista logra hablar con tanta naturalidad de estos temas que una desea (no, morirse no, lo siento) pero sí desea que cuando enciende la radio, el siguiente microespacio que aparezca sea el suyo. Pero si buenos son los textos y buena es la voz, no menos buena es la banda sonora de este microespacio. Cinco minutos ideales.
He de reconocer que si uno anda muy ocupado, no es necesario escucharla todos los días a todas horas, porque alguna vez que otra repiten los microespacios; pero si aun así, alguien se pierde su preferido, siempre está Internet para sacarnos del apuro.
Aquí un ejemplo:
La primera vez que escuché esta cadena de radio fue a través de la radio de mi padre, es un fan de Radio 5 todo noticias. Muchas veces la tiene de fondo en casa durante el día y siempre la escucha durante dos de las comidas imprescindibles del día: el desayuno y la merienda.
El caso es que algunos días, en especial durante el fin de semana, le acompaño en estos dos quehaceres, y ahí me tenéis tan a gusto escuchando una muy entretenida e instructiva emisora de radio.
En esta emisora se disfruta, entre diversos programas, de pequeñas piezas de unos cinco minutos de información de muy diversa índole. Desde cinco minutos dedicados a mantener vivo el planeta, cinco minutos dedicados a los videojuegos, otros cinco dedicados a lo último en investigaciones científicas, cinco más dedicados a resolver incorrecciones del lenguaje, etc. Los llaman microespacios y más que micro, en mi mente llenan macroespacios. Aunque sin duda, mi preferido es Polvo eres, el microespacio de Nieves Concostrina, que trata temas mortuorios. Entierros curiosos, divertidos, dramáticos, espectaculares, epitafios de lo más desternillante o información interesante sobre el delicado tema de la muerte. A nadie he oído hablar con tanto acierto de estos temas, tanto, que no destaca (por morboso) lo más mínimo del microespacio que le preceda. Esta periodista logra hablar con tanta naturalidad de estos temas que una desea (no, morirse no, lo siento) pero sí desea que cuando enciende la radio, el siguiente microespacio que aparezca sea el suyo. Pero si buenos son los textos y buena es la voz, no menos buena es la banda sonora de este microespacio. Cinco minutos ideales.
He de reconocer que si uno anda muy ocupado, no es necesario escucharla todos los días a todas horas, porque alguna vez que otra repiten los microespacios; pero si aun así, alguien se pierde su preferido, siempre está Internet para sacarnos del apuro.
Aquí un ejemplo:
martes, 5 de enero de 2010
Queridos Reyes Magos
Queridos Reyes Magos,
Sabéis de sobra que hace mucho tiempo que no os escribo, pero este año haré una excepción. Espero que vosotros no.
Soy consciente de que hoy estaréis muy ocupados repartiendo alegrías por los hogares de medio mundo, así que no os preocupéis en absoluto por mi carta, que lo que os voy a pedir no es necesario que esté mañana mismo en mi ventana, aún me queda algo del año pasado.
Cuando salía hoy del trabajo con un compañero, veníamos hablando de vosotros, precisamente. Él me decía que prefería recibir carbón porque eso significaba que durante el año se lo había pasado en grande, mucho mejor que los “niños buenos”, que se han pasado todo el año con el culo (uy, perdón) pegado a la silla.
Reconozco que en el fondo estoy con él, pero yo hago una reinterpretación de su idea. Es mejor disfrutar de la vida lo máximo que se pueda (según posibilidades) que intentar guardar las formas de niño bueno, esperando esa recompensa que, tal vez, nunca llega (ni tan siquiera en forma de carbón).
Definitivamente, una cosa no quita la otra. Se puede disfrutar de la vida sin sembrar el mal. Otra cosa muy distinta es que ‘te miren mal’ por hacer cosas que te gustan, cuando ni estás perjudicando a nadie ni a nada. A eso muchas veces se le llama envidia y ya es otro tema.
Yo lo que quiero decir es que este año he sido muy buena y las más de las veces, me lo he pasado en grande, ¿eso cuenta? También me han pasado cosas malas, pero en una noche mágica como la de hoy, no las recuerdo, porque me pongo triste y no quiero.
Aquí va mi petición: os pido toda la felicidad y alegría del mundo. Pero solo la que os quede pasado mañana, eh, como hemos quedado, que esta noche tenéis que repartir muchísima por todos los hogares :-)
Muchas gracias y hasta el año que viene.
Sabéis de sobra que hace mucho tiempo que no os escribo, pero este año haré una excepción. Espero que vosotros no.
Soy consciente de que hoy estaréis muy ocupados repartiendo alegrías por los hogares de medio mundo, así que no os preocupéis en absoluto por mi carta, que lo que os voy a pedir no es necesario que esté mañana mismo en mi ventana, aún me queda algo del año pasado.
Cuando salía hoy del trabajo con un compañero, veníamos hablando de vosotros, precisamente. Él me decía que prefería recibir carbón porque eso significaba que durante el año se lo había pasado en grande, mucho mejor que los “niños buenos”, que se han pasado todo el año con el culo (uy, perdón) pegado a la silla.
Reconozco que en el fondo estoy con él, pero yo hago una reinterpretación de su idea. Es mejor disfrutar de la vida lo máximo que se pueda (según posibilidades) que intentar guardar las formas de niño bueno, esperando esa recompensa que, tal vez, nunca llega (ni tan siquiera en forma de carbón).
Definitivamente, una cosa no quita la otra. Se puede disfrutar de la vida sin sembrar el mal. Otra cosa muy distinta es que ‘te miren mal’ por hacer cosas que te gustan, cuando ni estás perjudicando a nadie ni a nada. A eso muchas veces se le llama envidia y ya es otro tema.
Yo lo que quiero decir es que este año he sido muy buena y las más de las veces, me lo he pasado en grande, ¿eso cuenta? También me han pasado cosas malas, pero en una noche mágica como la de hoy, no las recuerdo, porque me pongo triste y no quiero.
Aquí va mi petición: os pido toda la felicidad y alegría del mundo. Pero solo la que os quede pasado mañana, eh, como hemos quedado, que esta noche tenéis que repartir muchísima por todos los hogares :-)
Muchas gracias y hasta el año que viene.
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